viernes, 16 de marzo de 2012

Tragedia en la laguna Torrecillas


Por Javier Colón Dávila / jcolon@elnuevodia.com

Habían pasado unas siete horas desde que ocurrió el desastre, cuando Tamara Bristol decidió que era el momento de observar con calma el lugar donde perdió la vida su padre. Allí, sobre un terreno pantanoso y en compañía de familiares, Tamara simplemente observaba hacia la laguna. Guardaba silencio y sollozaba.

En pocos segundos, la vida de su padre Uriel Bristol y del copiloto Anthony Tavares habían sido segadas cuando el avión de carga en que viajaban en dirección a la isla de Santa Cruz se estrelló en la laguna Torrecillas.

“Es él, es él. Yo conozco el avión y yo sé que es el único que llevaba carga de la Holsum”, le dijo la mujer a periodistas cuando aún era incierto si Bristol era uno de los fallecidos.

“Era responsable y era un maestro en su profesión y lo conocen mundialmente”, dijo la mujer de 38 años que precisamente el miércoles le cocinó a su papá y compartieron.

Puerto Rico despertó ayer con la noticia de que un avión de la compañía Jet One Express se había estrellado a unos 300 o 400 metros de la urbanización Mansiones de Vista Mar, en Carolina.

La nave, modelo Convair, transportaba 12,059 libras de pan Holsum rumbo a Santa Cruz.

El avión, construido en 1953, tenía capacidad para 14,000 libras de carga.

Emergencia inmediata

Según explicó Arnaldo de León, gerente general de aeropuerto Luis Muñoz Marín, desde el primer minuto de vuelo, Bristol le estaba comunicando a la torre de control que había humo saliendo del motor derecho. Esa comunicación ocurrió a las 7:15 a.m.

Bristol trató de planear por unos 10 minutos y aunque anunció que regresaría al aeropuerto, seguía perdiendo altura. Primero, perdió un ala al chocar contra un mangle y finalmente se estrelló al agua. En cinco minutos, la nave se había hundido.

Bristol tenía 67 años y su copiloto Tavares, 45. Al cierre de esta edición, no se habían presentado familiares de Tavares a la escena.

“Ellos pasan bien bajito frente a mi casa... le digo a mi esposa: ‘viene fallando el avión’”, contó Antonio Pérez, un mecánico que observó la nave estrellarse.

“Y efectivamente, trató de virar pero a los segundos escuchamos el cantazo”, agregó Pérez, al indicar que al avión cayó de punta y un poco de lado. Según dijo, observó humo salir del motor derecho.

MAR DE SORPRESAS

A la escena, se presentó Ismael Herrera, empleado de la compañía Jet One Express. Herrera ayudó a cargar el avión con la mercancía y, según su relato, un compañero suyo mecánico le dijo a Bristol que la nave tenía un “fallo” en el motor.

Jet One Express es propiedad de Alex Bristol, hijo de Uriel.

Herrera, quien dijo que Bristol también era buzo e instructor de vuelo, dijo que no le sorprendió que Bristol decidiera tomar vuelo comoquiera. “Él conoce bien el avión. Se fue”, dijo al describir a Bristol como un piloto “responsable y bien dedicado”.

Por eso, Agapito Cintrón, un mecánico de aviación retirado y cercano amigo de Bristol que llegó a la escena del accidente, puso en duda que el piloto decidiera volar un avión aún sabiendo que tenía problemas.

“Lo conocía de toda la vida, de niños”, dijo Cintrón. “Él tenía problemas, pero era con el otro avión. No con ese. El tenía la capacidad de saber si lo podía volar o no... si sabía que tenía un desperfecto, no lo hubiese volado”.

Complicado el rescate

Ayer, el equipo de rescate de Manejo de Emergencias y el Municipio de San Juan, en colaboración con agencias federales, intentó rescatar los cuerpos de Bristol y Tavares. Sin embargo, el agua estaba tan turbia que los 11 buzos activados apenas tenían poco más de 1 pie de visibilidad bajo el agua.

Uno de los primeros buzos en bajar le dijo a este diario bajo condición de anonimato que los cuerpos estaban en la cabina, amarrados e intactos. Según dijo, el avión se rompió en dos pedazos.

Por su parte, Nino Correa, coordinador de Rescates en la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres (Aemead) indicó que con el paso de las horas la nave continuaba hundiéndose en el babote sobre el cual cayó. Este factor se combinaba con un escape de aceite de uno de los motores para dificultar la búsqueda.

Según explicó Correa, el daño al medio ambiente había sido mínimo.

Ayer se supo que miembros de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés) volaron desde Atlanta a San Juan para atender la emergencia. De hecho, serán las autoridades federales las encargadas de remover la nave.

A eso de las 5:00 p.m. los rescatistas en el lugar del desastre detuvieron sus labores y comenzaron a recoger los equipos. Los jefes del rescate, mientras, se reunieron por casi una hora en el “trailer” que sirve de oficina rodante coordinando las labores para hoy.

Ya cuando comenzaba a caer el sol, a eso de las 6:00 p.m., los familiares de los pilotos fueron llamados al “trailer” para explicarles la situación.

Se espera que el rescate continúe hoy, aunque ayer no se pudo precisar cómo harían para sacar los cuerpos y la aeronave del fondo de la laguna

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