lunes, 21 de noviembre de 2011

La zona primitiva que se activa fácil

A pesar de que no se pueda asegurar que la violencia sea producto de la combinación de ingredientes en una lata de refresco, lo cierto es que la cafeína y el azúcar, lo mismo que el alcohol y el cigarrillo, activan la parte del cerebro que controla las conductas ansiosas e impulsivas como las agresiones, la comedera compulsiva y hasta el descontrol sexual.

El psiquiatra Michel Woodbury Fariña, catedrático asociado del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, explicó que los seres humanos tenemos básicamente dos cerebros, uno de ellos primitivo, “que lo que piensa es pelear o salir corriendo”.

Esa parte primitiva que nos lleva hacia “los impulsos de sobrevivencia y las emociones” tiene su regulador en la zona prefrontal.

“Cuando hay situaciones, nosotros tenemos una parte del cerebro que es la amígdala, que es donde primero llega el impulso. La amígdala tiene que decidir si es algo a lo que tiene que responder rápido y si es de peligro. Cuando uno ve algo, primero va a la amígdala que luego consulta con el hipocampo. Si es mala (la situación) tenemos el área primitiva activada y uno va a pelear o a salir corriendo”, explicó el psiquiatra. Si la situación no es de peligro, entonces deja que el área prefrontal lo analice. “Mientras más fuerte el área prefrontal, más difícil que la amígdala explote”, añadió Woodbury.

La impulsividad, según el médico, está asociada con la ansiedad, algo que muchas personas buscan controlar con automedicación.

“Esta gente con problemas de salud mental tienden a tener problemas de concentración y van a buscar sustancias como el cigarrillo, que al igual que el azúcar, el alcohol y la cafeína, alimenta esa área prefrontal para que esté bien alerta”, indicó.

Pero, aun cuando las bebidas carbonatadas tienen dos de los ingredientes asociados a “prender” la zona prefrontal, Woodbury no cree que eso desencadene en conductas violentas.

“Yo lo que creo es que son personas que tienden a ser violentos anyways y están usando estas sustancias en forma excesiva. No creo que eso vaya a dañar a los niños”, expresó.

Ingrid Casas, presidenta de la Asociación Puertorriqueña de Psiquiatras de Niños y Adolescentes, señaló que aunque no hay una postura oficial sobre lo que se debe o no consumir durante la niñez y la adolescencia, “siempre hacemos la salvedad de llevar una dieta balanceada”.

“La cafeína tiene efectos probados, efectos físicos, pero no hay estudios controlados que nos puedan relacionar el exceso de cafeína y exceso de azúcar con trastornos conductuales”, expuso Casas.

La profesional de la conducta reconoció, no obstante, que hay padres que le han dicho que el comportamiento de sus hijos empeora luego del consumo de azúcar. “Aunque no haya evidencia rotunda de que pueda provocar una exacerbación de la agresividad o de problemas conductuales, (la realidad es) que esas bebidas no aportan ningún valor nutricional. Lo que no podemos es generalizar. Hay niños que son más susceptibles (a una reacción de agresividad)”, indicó.

La teoría de Woodbury es que “los que usan eso (azúcar, cafeína, alcohol, cigarrillo) son los que lo necesitan y los que lo necesitan son más violentos”.

“El azúcar es como un high. Pone a la mente a sentir superbién y tiene una retirada fuerte”, dijo al referirse a la reacción del cuerpo cuando baja el nivel de azúcar. “Esas dietas que son de (comer) cada dos horas tratan de evitar ese rebote que da la azúcar en la comida. Las dietas que no son saludables no tranquilizan el área prefrontal”, amplió.

Más que los refrescos, Woodbury entiende que el exceso en el consumo de carne es un factor que influye en comportamientos violentos.

“Nosotros estamos hechos para consumir de dos a cuatro onzas de carne al día. Si uno consume de más, la proteína en exceso no se almacena y lo que se queda es colesterol, que se convierte en testosterona y estrógeno”, indicó.

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