lunes, 21 de noviembre de 2011

Estudio relaciona los refrescos con la conducta violenta

Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora
Las bebidas gaseosas parecen tener un efecto que va más allá de aplacar momentáneamente la sed, según un estudio que encontró una relación entre el consumo de refrescos carbonatados y el comportamiento violento en adolescentes.






No se sabe si es el azúcar, la cafeína o la combinación de ingredientes, pero los adolescentes que aseguraron tomar más de cinco latas de bebidas gaseosas -regulares, no dietéticas- a la semana demostraron una tendencia significativamente mayor a comportarse de manera agresiva que los que consumen menos de esa cantidad de refrescos.

El estudio, realizado por investigadores de la universidad de Vermont y la Escuela de Salud Pública de la universidad de Harvard, incluyó a más de 1,870 adolescentes entre los 14 y 18 años de más de 20 escuelas públicas en Boston.

A los estudiantes encuestados les preguntaron con cuánta frecuencia tomaban bebidas gaseosas, si habían cargado un arma y si habían sido violentos con algún compañero, pareja o familiar.

Según el estudio, el impacto del consumo excesivo de bebidas carbonatadas en comportamientos violentos es similar al relacionado con el uso de cigarrillo y alcohol, aunque no establece si es una causa directa. De hecho, se encontró que quienes consumen más bebidas carbonatadas también son más propensos a tomar alcohol y fumar cigarrillos.

A la catedrática y coordinadora del Programa de Nutrición de la Universidad del Turabo, Ada Laureano, no le sorprende el hallazgo del estudio porque, según ella, “el efecto del azúcar es evidente”.

Por no tener vitaminas ni minerales, cuando una persona consume el azúcar simple de los refrescos, “el ciclo de repente se detiene”.

“Lo que provee la azúcar es energía simple. Cuando el cuerpo usa esa energía no puede completar su proceso metabólico eficientemente. Eso provoca irritabilidad porque las células provocan un humor irritable. Por eso se dice que a los niños y niñas no se les deben dar refrescos”, explicó Laureano.

La también presidenta de la Alianza contra la Obesidad Pediátrica indicó que la cafeína puede contribuir a la irritabilidad que, mal manejada, desemboca en comportamiento agresivo.

“De por sí, la cafeína puede ser un poquito estimulante y, si tienes a una persona irritable, la persona no sabe canalizar esa energía y esa disposición a estar más activo”, expuso.

En el estudio se aclara, no obstante, que no se indagó en si los refrescos que los adolescentes reportaron tomar son o no con cafeína. Se señala, además, que una posible explicación para el vínculo entre el alto consumo de azúcar y el comportamiento agresivo es que tomar bebidas azucaradas responde a bajos niveles de glucosa en la sangre, algo que también se ha asociado a conductas violentas.

La doctora explicó que a algunas gaseosas le añaden ingredientes que provocan “una sensación de endorfina”, lo que es adictivo. “En la etiqueta no te aparece la proporción”, dijo sobre los químicos cuyos nombres son indescifrables para la mayoría de quienes toman refrescos. La realidad es que deben ser pocas las personas que saben qué es el phosphoric acid o el potassium benzoate.

Según otra investigación hecha con adolescentes noruegos y citada por el estudio, el alto consumo de refresco demostró tener una correlación con una pobre salud mental y un comportamiento antisocial.

Pero, el vínculo con el comportamiento violento no es lo único que se les atribuye a los refrescos.

Según explicó Laureano, las gaseosas contienen ácido carboxílico, que “promueve que el calcio que está depositado a nivel de la médula del hueso se vaya removiendo y hace que el hueso sea más quebradizo”.

“Cuando el cuerpo lo recibe, lo reconoce como un sustituto de calcio, es una reacción bioquímica. Por eso, los refrescos se usan para limpiar”, dijo al explicar que esa efervescencia que le saca el óxido a los polos de la batería es la misma que se deposita en el hueso. “Lo mejor es tomar agua. El refresco no quita la sed”.

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