sábado, 9 de octubre de 2010

No fue huracán, pero causó un caos

09 Octubre 2010

No fue huracán, pero causó un caos
Como un patrón, cada vez que llueve mucho, la Isla entra en caos y se paraliza

FotogaleríaVídeo: Bajo agua varios municipios
José Crespo, vecino de La Puntilla, en Arecibo, intenta salvar lo que puede de su residencia, la que quedó bajo agua. (Especial para El Nuevo Día / Alberto Bartolomei)Por Joel Ortiz Rivera / joel.ortiz@elnuevodia.com

El fenómeno atmosférico Otto ni siquiera era huracán cuando se acercó a nuestra isla y el caos no se hizo esperar.

La estela de nubarrones que dejó el sistema sobre la Isla esta semana puso de manifiesto una vez más las décadas de mala planificación, falta de mantenimiento de los sistemas de descargas pluviales y la deforestación de cuencas hidrográficas sin contemplación, sin siquiera medir las consecuencias.

El resultado: sobre 130 personas tuvieron que acudir ayer a refugios y 18 pueblos enfrentaban situaciones de emergencia, aunque en toda la Isla fue decretado un estado de emergencia. Añada a esto que cuatro municipios cancelaron sus clases, diversos ríos se salieron de sus cauces, hubo fallos en el servicio de agua y electricidad y múltiples carreteras resultaron rotas y cerradas por derrumbes, deslizamientos o por estar bajo agua.

“La infraestructura urbana y rural son producto de la improvisación, por lo que han resultado en un sistema que es caótico y que cualquier evento fuera de lo normal lo saca de equilibrio”, dijo el director de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico, Elías Gutiérrez. “Y si se agrega que no se le da mantenimiento... esto es un berenjenal”.

Miguel Torres, presidente del Colegio de Ingenieros y Agrimensores de Puerto Rico, coincidió con Gutiérrez en torno al mantenimiento de la infraestructura pluvial y recordó que éste recae en los municipios.

La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, según Torres, sólo se ocupa de suministrar el agua potable y de manejar las aguas sanitarias.

Agregó que las inundaciones urbanas son un problema preocupante, ya que en las mejoras de infraestructura se ha mantenido un ritmo en el que se le ha dado prioridad a “obras faraónicas, a fuentes, estatuas, coliseos... a lo que se ve. Pero lo que no se ve se ha pasado por alto y nos va a seguir afectando más y más si no se atiende adecuadamente”.

Según Torres, una de cada dos residencias rurales no son construcciones formales, no cumplen con los códigos de construcción o están hechas en zonas inundables, por lo que se ven afectadas cuando surgen eventos atmosféricos que crean saturación y colapsos de tierra.

Aunque las lluvias que cayeron sobre la Isla desde el lunes han sido el mayor evento climático de este año, a juicio del meteorólogo Rafael Mojica, del Servicio Nacional de Meteorología, la precipitación de este nivel es ‘normal’ durante las dos primeras semanas de octubre.

Sin embargo, no es comparable con eventos como los de Mameyes, en el que en 1985 cayeron 23 pulgadas, o con el de una depresión que en octubre de 1970 dejó 36 pulgadas.

De hecho, según Mojica, la saña con la que el rabo de Otto nos afectó, dejó alrededor de unas 15 pulgadas y media sobre Ponce; 11 sobre Aibonito; 10.5 sobre Patillas; sobre Adjuntas y Coamo cerca de 10; mientras que Jayuya y Yauco registraron 9.5 pulgadas.

“Como sociedad, hemos aceptado o endosado que se deforesten las cuencas hidrográficas. Cambiamos árboles por cemento y una cantidad menor de lluvia produce cargas que se infiltran cada vez menos en el subsuelo, por lo que se convierten en escorrentías. Y los sistemas naturales siempre van a reclamar su espacio”, dijo el planificador Félix Aponte.

Señaló que los sistemas pluviales locales pueden manejar valores del doble de la lluvia recibida esta semana, por lo que hay que preguntarse por qué causan tanto estrago tormentas que ni siquiera azotan la Isla.

El costo de las lluvias

Para el economista José Alameda, las interrupciones causadas por fenómenos atmosféricos y por la falta de mantenimiento, al final salen más caras que lo que pudo haber costado invertir primero en el mantenimiento.

Este no quiso entrar a estimar cuánto le ha costado a la economía del País el cierre de comercios, los días de escuela perdidos, los sueldos dejados de devengar, las roturas de carreteras, las residencias inundadas y la pérdida en las cosechas debido a este ciclo de lluvias.

No obstante, en noviembre del 2009, Alameda estimó entre $2.5 y $3.5 millones el costo de unas fuertes lluvias que paralizaron la zona metropolitana por varias horas, eso calculando sólo los salarios dejados de devengar por los conductores atrapados en el tráfico y por los daños a la infraestructura vial.

Carlos Rodríguez, alcalde de Salinas, por ejemplo, reclamó ayer que su municipio sufrió daños valorados en $10 millones durante este evento.

Su homólogo de Lajas, Leo Cotté, dijo temprano en el día que la agricultura en su municipio se había afectado seriamente, aunque no especificó cifras.

Ayer, pasado el mediodía, el gobernador interino, Kenneth McClintock, firmó una orden ejecutiva para declarar a los 78 municipios en estado de emergencia, para así comenzar un proceso de evaluación y luego solicitar formalmente la ayuda económica a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés).

El catedrático de Sociología de la Universidad de Puerto Rico, José Luis Méndez, enfatizó que la mentalidad de no brindar mantenimiento a obras de infraestructura claves, en un país en el que seis meses del año puede verse afectado por situaciones de emergencia debido a fenómenos naturales, responde a nuestra cultura política.

“El mantenimiento no provoca los mismos votos que los coliseos, carreteras inmensas y proyectos faraónicos. Eso produce una cultura de inmediatez, en la que no importa el futuro si tengo el apoyo inmediato”, dijo Méndez.

Aponte, para terminar, advirtió que Puerto Rico debe ponerse prioridades y mirar de manera distinta a la naturaleza y a la manera de relacionarse con ella.

“El País algún día va a ser impactado por un fenómeno mayor y el golpe va a ser mucho más severo, lo que podría implicar el costo de vidas”, dijo.

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