jueves, 30 de septiembre de 2010

Así escriben los condenados

30 Septiembre 2010

Así escriben los condenados
3,200 presos esperan su ejecución en EE.UU. mientras algunos escriben cartas



Adam Lovell, el director de la web www.writeaprisoner.com, explica que “lo más terrible” en la vida de los condenados a muerte es la soledad. (Mónica Almeida/The New York Times)Por VERÓNICA CALDERÓN / El País / España

Nueva York - El día favorito de Melvin Hardy, de 32 años, es el 21 de cada mes. “El mejor día es cuando llegan las cartas”, cuenta. Hardy es uno de los 3,000 presos que tienen un perfil en www.writeaprisoner.com, una web dedicada al intercambio de cartas entre reclusos y el mundo exterior.

Entre esos 3,000 hay 300 que están en el corredor de la muerte. El 21 es el día en que recibe, impresos, los correos electrónicos que le llegan. Él responde por envío postal. Hardy ha pasado la mitad de su vida en una celda de nueve metros cuadrados en el corredor de la muerte de una prisión de Raleigh (Carolina del Norte, sureste de Estados Unidos), donde espera su ejecución por inyección letal.

En su perfil afirma que le “gusta hablar de cualquier tema bajo el sol. Música, política, el mundo, lo que quieras. Y sobre todo, me encanta aprender”.

En su primera carta, fechada en marzo pasado, Hardy reconoce su culpa, pero insiste en que el trato que recibe es “inhumano”. De puño y letra, relata: “Sé que estamos encarcelados y que nos merecemos este castigo, pero esto es más. ¡Es una tortura!”.

La pena de muerte está vigente en 38 estados de EE.UU. Hay cerca de 3,200 reos que aguardan su ejecución en las cárceles. Su vida es distinta de la de otros presos. Son marginados de los programas de educación, tienen más restricciones para visitas y un ínfimo contacto con el exterior. De lunes a viernes, pasan 22 ó 23 horas en su celda. Son encerrados durante el fin de semana.

“Desde mi condena, los amigos comenzaron a abandonarme, las cartas dejaron de llegar y las visitas cesaron. Todos se dieron cuenta de que estaría aquí para siempre, que no volveré y siguieron con sus vidas. Hasta las cartas de mi familia disminuyeron. Es la peor sensación del mundo”, afirma Hardy en una carta tras ser contactado por El País a través de www.writeaprisoner.com.

Esta web recibe dos millones de visitas al día, según explica a través de correo electrónico su director, Adam Lovell, de 33 años, y fue fundada hace 10 años. “Todo era mucho más pequeño cuando comenzó. Simplemente quería hacer un sitio de correspondencia para presos”, comenta.

Cada año, la web reparte 35,000 cartas en más de cincuenta cárceles de Estados Unidos. Aunque el 90% de los presos saldrá libre algún día, los condenados a muerte son “por mucho” los que reciben más correo. “Algunos les escriben por compasión, otros por curiosidad”, asegura Lovell.

Los perfiles de los presos ofrecen rostros sonrientes y, en algunos casos, fotografías de su niñez y juventud. Algunos comparten pinturas y poemas. Contrastan con los detalles de los crímenes por los que fueron condenados. “Mis pensamientos derivan como telarañas al viento / Cómo escribo la última carta a mi familia / Cómo podré recordarles cuando mi cuerpo y mente duerman para siempre / Les recordaré con amor”, escribe en su perfil Robert Simon, de 47 años, de Mississippi. Fue sentenciado en julio de 1990 por el asesinato de una familia en febrero de ese año. Los hijos tenían 9 y 12 años.

La espera promedio

Hardy fue condenado por matar a un miembro de una banda rival. Tenía 18 años y se dedicaba al tráfico de drogas. Habla sin problemas sobre su caso.

Entre la sentencia y la ejecución de la condena pasa un promedio de 10 años, según la ONG Death Penalty Information Center, pero algunos presos han llegado a rebasar los 30 años. Hardy lleva 18. “Cuando llegué, no podía creerlo. Esto es el corredor de la muerte. Entonces era el más joven de los seis presos que estaban aquí. No dormía. Pasaba despierto toda la noche con la ropa puesta, hasta que un oficial me ordenó que me desvistiera cuando apagan las luces, a las 11 de la noche”, narra.

Hardy es preciso para describir su rutina. “Las luces se encienden a las seis de la mañana, a las siete cambian los turnos. Cuando recién has llegado, conoces a tus compañeros. 'Hola, soy tal y tal y llevo aquí cinco años'. Es raro, pero con el tiempo te das cuenta de que estos tipos no son monstruos. Yo sé que no lo soy”.

Garza, por el contrario, no detalla sus circunstancias. Si acaso, menciona lo que le gustaba hacer cuando estaba “fuera”: ir al cine -La jungla de cristal es su película favorita- y la música hip-hop. Quiere saber “¿cómo es la vida allá?”, y responde con alegría cuando recibe una postal. “Este es un sitio solitario”, dice.

Tras la ejecución, el pasado jueves, de Teresa Lewis en Virginia -la primera mujer en 2005-, en Estados Unidos hay 52 mujeres en el corredor de la muerte. De los 300 perfiles de condenados a muerte que hay en la web, tres son mujeres. Una de ellas es Virginia Caudill. “Busco a una persona para tener una amistad o quizá algo más, alguien con quien compartir mis pensamientos”. Caudill fue sentenciada en el 2000 por asesinar a una mujer de 73 años.

Adam Lovell, el director de la web, explica que “lo más terrible” en la vida de los condenados a muerte es la soledad. Su vida ha estado relacionada con la prisión desde su niñez. Su madre fundó un centro de alfabetización en un penal de Pensilvania. “Los prisioneros que reciben cartas tienden a comportarse mejor en prisión, les mantiene lejos de los problemas”, asevera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario