Por Ana Teresa Toro
EL VOCERO
22 de septiembre de 2009 04:00 am
Puerto Rico es un país viejo. Según la Encuesta de la Comunidad del Censo 2006 en la Isla había 703,076 personas mayores de 60 años, lo que equivale a un 18% de la población total estimada en 3,927,776 habitantes. Para el 2010 la cifra, que seguirá aumentado, será similar al número de personas menores de 15 años. Un cambio demográfico serio y con consecuencias que el Estado tendrá que asumir. ¿Está Puerto Rico listo para ser un país viejo?
No es noticia nueva que la expectativa de vida ha aumentado considerablemente. Hoy día ronda los 78 años, una rareza décadas atrás. Razón por la cual Puerto Rico ya sobrepasó hace mucho el estándar para considerarse un país viejo que ronda en que más del 10% de la población sea mayor de 60 años. Actualmente, la Isla está en un 17%.
Los avances tecnológicos y el desarrollo de la medicina han incidido en estilos de vida cónsonos con una vida más larga. En el caso local, el cambio de una sociedad agrícola rural a un urbanismo industrial generó tendencias como una baja en la natalidad y un alza en la longevidad. Ya no es la norma hablar de familias de 10 hijos. “También la incursión de la mujer a la universidad y al mercado laboral cambió ese paradigma de donde come uno comen tres”, ejemplifica el sociólogo experto en personas de edad avanzada, José Rodríguez Gómez.
“Ya no hay quien se ocupe de nuestros viejos. Antes era distinto, ahora la mujer tiene que hacerlo todo y aunque se hace con amor es francamente agotador”, confiesa la actriz Angela Mari quien actualmente cuida a su madre en su casa, con un hijo y un trabajo que atender.
“El cuidador de los ancianos tiene un nombre: mujer. Estamos hablando de una mujer sumamente atareada. De ahí surgen diferentes problemas porque estas personas llegan a un síndrome de agotamiento donde la tolerancia disminuye, están más sensibles, de ahí pueden derivarse situaciones de maltrato”, elabora Rodríguez Gómez, profesor de la Universidad Carlos Albizu quien considera que por ejemplo, condiciones como el Alzheimer agudizan la problemática.
A estas características demográficas deben añadírsele factores como el que si se confirman las proyecciones, habrá dos sectores de la población, los niños y ancianos, que necesitarán del apoyo de ese núcleo intermedio de adultos en edad productiva. También hay que considerar el hecho de que se estimule el retiro temprano al cancelar la capacidad de una persona experimentada de aportar a la economía del País y el que un 44% de las personas que conforman esta población vive bajo los niveles de pobreza. Todo esto incide en que la realidad social del anciano promedio lo enajena de cualquier posibilidad estructurada por el estado de vivir una vejez plena, toda vez que aporta a la sociedad desde su nuevo estrato demográfico.
Estos cambios, fundamentados en una transformación de la estructura familiar, no afectan únicamente al anciano, la familia también experimenta conflictos importantes. “Yo no quería poner a mami en un hogar. Fue quizás la decisión más dura que he tomado”, admite José Santos, vecino de Bayamón quien luego de la muerte de su padre y el avance de la condición de Alzheimer de su madre tuvo que aceptar la decisión de sus hermanos mayores (que viven en Estados Unidos) de ingresar a su madre a un hogar. A pesar de pagar un servicio de enfermería previo, la falta de un familiar disponible 24 horas complicó las cosas. Viviendo en Bayamón y trabajando en Mayagüez, con necesidades económicas que atender -para el propio cuidado de su madre- inclinaron la balanza en esa dirección.
“La visito siempre que puedo, varios días a la semana... y sí a veces siento culpa”, admite este hombre que refleja el sentir de muchas familias que, por las transformaciones sociales, se han visto incapacitadas de cuidar de sus ancianos aunque les sobre el deseo. “Buscamos durante mucho tiempo un buen lugar, lo pagamos entre todos... Claro que preferiría que estuviera en casa, pero sabemos mis hermanos y yo que tomamos la decisión correcta”, reconoce.
Santos bien pudiera considerarse la excepción a la regla, pues por lo general y según los sondeos realizados en distintos hogares, la carga recae sobre alguna de las hermanas y el resto se desentiende.
Dos grupos, una vejez
No puede hablarse de un grupo homogéneo cuando se hace referencia a las personas de edad avanzada. “Los viejos de ahora y los nuevos que son los baby boomers son dos generaciones diferentes dentro de la población. Ellos experimentaron los cambios que vinieron con el Estado Libre Asociado, entraron a la universidad, vivieron la Revolución Industrial”, detalla Rossana López Lebrón, la procuradora de las personas de edad avanzada.
Esta información revela que estamos ante dos grupos sociales con necesidades similares más no iguales. “Los nuevos viejos demandan sus derechos, tienen mayor autocuidado de la salud, les gusta salir, es un mito que se van a jubilar temprano porque son activos”, elabora la procuradora con quien coincide el sociólogo consultado.
“También han planificado más su vida, tienen cuentas IRA, por ejemplo”, aporta Rodríguez Gómez quien además observa que la vejez en Puerto Rico es una vejez feminizada pues por ejemplo para el 2006 el 57% de las personas de edad avanzada eran mujeres. Esto no sólo porque el género femenino suele durar más años de vida, sino porque la mayoría de las enfermedades mortales aquejan más a los hombres que a las mujeres o por el hecho que en estadísticas como las de la violencia, el número de asesinatos es una cifra masculinizada.
Estos cambios en la demografía también tienen implicaciones en la economía del País. Claro, esto depende de cómo lo maneje el estado desde sus políticas. A juicio de ambos recursos consultados, no se puede ver a la persona de edad avanzada como una carga sino como una inversión sobre todo en medio de una crisis fiscal. Pensar en temas como la prevención en materia de salud y en el aprovechamiento de la persona mayor como un recurso rentable por su experiencia y conocimiento, no sólo son aportaciones a la economía sino que dicen mucho sobre el País.
Porque después de todo: ¿qué dice sobre una nación el modo en que trata a sus viejos?
“Habla de cuán sabio es un gobierno, de la perspectiva histórica... Hay gente que es una enciclopedia viviente”, apunta Rodríguez Gómez, sobre esa voz alta de la historia que sin un espacio en este nuevo organigrama social se pierde en el aire y con ella un poco del País, un poco de lo que somos.
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