jueves, 20 de agosto de 2009

Nilza Gierbolini: una voz que pide ayuda

jueves, 20 de agosto de 2009
Nydia Bauzá
Primera Hora

Nilza Gierbolini Guzmán libra una nueva batalla por vivir y dejar el uso de sustancias controladas. Ha dado la voz de alerta atentando varias veces contra su vida, pero se le siguen cerrando las puertas. Su caso dramatiza la falta de programas que hay en el Gobierno para ayudar a las personas a dejar la dependencia a las drogas.

Nilza cobró notoriedad en 1997 con el rapto de una niña en California que crió como suya por ocho años en Fajardo. En 1999, estuvo presa y desde entonces su vida ha estado llena de controversias. Pero, su saga había comenzado mucho antes. De niña fue adoptada y sus padres adoptivos la internaron en un colegio de monjas en Bayamón, de donde escapó a la edad de 15 años.

Su más reciente calvario se suscitó en el Hospital UPR de Carolina, adonde fue llevada de emergencia para “romper vicio” el pasado 8 de agosto. Allí estuvo cuatro días en sala de Emergencia, sin aseo personal, rompiendo “en frío”, hasta que un médico la encontró mientras trataba de quitarse la vida con unos cables, relató su amiga Wanda Andújar Colón.
“En ningún momento Nilza recibió tratamiento de detoxificación y siendo una paciente con hepatitis C, el hospital tampoco manejó adecuadamente el caso. Sus gasas con sangre rodaban por el piso”, sostuvo Andújar Colón.

Narró que, tras el intento suicida, Nilza fue llevada de emergencia al Hospital Panamericano, donde estuvo recluida una semana. El domingo pasado, cuando la dieron de alta, volvió a usar drogas, porque nunca atendieron su drogodependencia.

Ayer, Nilza clamaba por ayuda. Acudió a la Administración de Servicios contra la Adicción y Salud Mental (Assmca) y pidió que la internaran en el programa Compromiso con la vida; pero tiene que aguardar hasta mañana para saber si será admitida al tratamiento de rehabilitación.
“Llevo un año buscando ayuda y en ningún sitio me quieren coger. En un programa me dijeron que me tenía que ir pal’ punto a comprar una bolsa para que me cogieran y, cuando volví, me dijeron que no había cama. En otro lado me dijeron que tenía que tener sida para poder entrar”, dijo la mujer, que confesó que cayó en la adicción hace un año.

“Voy a tener que hacer como “Tito Kayak” para que me escuchen. Aquí no quieren que las personas se rehabiliten. Soy una mujer preparada, con un bachillerato, pero no tengo casa ni consigo trabajo porque me llegó el récord dañao. Estoy desesperada... cada vez el sistema está peor. Por eso hay tanta gente adicta... La gente ve a un adicto y mira para el otro lado. Nadie quiere ayudarlos. Después, que no se quejen del crimen”, lamentó la mujer que ha llegado a deambular, pero dice que todavía “no ha tocado fondo”.

Asegura que se quiere rehabilitar. “Colapsé porque me junté con gente mala, pero eso le puede pasar a cualquiera. Ahora quiero salir de todo esto, pero no me quieren ayudar”, dijo.

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