lunes, 7 de julio de 2008

Con tatuajes escapó de la droga

lunes, 7 de julio de 2008
Firuzeh Shokooh Valle
Primera Hora

Roberto Villegas tiene un tatuaje en cada lugar donde solía pincharse con una aguja.
En el cuello, el nombre de Carmen, la mujer que lo ayudó mientras estuvo preso; en el brazo derecho, Ada, su madre; en la mano derecha, Yared, su hijo menor; en el antebrazo derecho dice en árabe: “Sólo Dios me puede juzgar”.

En el pecho y la espalda tiene más, que son imposibles de ver cuando camina por la calle. La misma calle que antes era su infierno y su casa.

Roberto se tatuó los nombres de seres queridos y de frases importantes para él en lugares donde antes se inyectaba heroína. Esos días pasaron, pero quedan los recuerdos, las pesadillas, las marcas.

“Lo hice para pensarlo dos veces antes de inyectarme”, relata Roberto, de 30 años, en una entrevista en la iglesia Bautista de Villa Fontana, en Carolina, donde ha encontrado un refugio.

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