jueves, 10 de julio de 2008

Abren una puerta para los de la calle

jueves, 10 de julio de 2008
Arys L. Rodríguez Andino
Primera Hora

El Estigma que enfrentan los deambulantes y adictos, y la falta de movibilidad, los arrincona cada vez más en un espacio a donde no llegan los servicios.

Por eso, y con la asistencia de varias organizaciones comunitarias y religiosas, ayer el Programa de Alcance Comunitario de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca) inauguró una unidad móvil en el residencial José Celso Barbosa, en Bayamón.
Ahí, decenas de personas fueron a ver -muchos sólo por curiosidad- qué tenía que ofrecerles el proyecto “De vuelta a la vida: Sanación y Hogar”, responsable de coordinar la actividad.

“El servicio es único. Hay un médico especialista en adicción, una enfermera y servicios psicológicos. La idea es atenderlos y darle seguimiento al manejo de casos”, explicó Yesenia Mojica, coordinadora de Alcance Comunitario.

Deambulantes y adictos tuvieron la oportunidad de realizarse exámenes físicos, curaciones y pruebas de VIH, además de almorzar arroz con salchichas, habichuelas, ensalada y hasta pegao confeccionado por las Hermanas de Jesús Mediador, quienes donaron la comida.
Aunque Mojica admitió que en la primera visita no consiguen “conquistar” a muchos participantes para que se integren a los diferentes programas, sí les abre la puerta en las siguientes visitas.

“Quizás no lo logramos a la primera, pero a la segunda o a la tercera, sí”, comentó la coordinadora.

La unidad móvil, con la que esperan visitar comunidades identificadas con un alto nivel de deambulantes, debe operar cuatro veces por semana. “Es para las personas sin hogar, para que tengan fácil acceso a servicios”, dijo Mojica, quien aclaró que no es exclusivamente para este sector de la población.

Limpio con metadona
Mientras Alexander Pagán decía que no se metía droga, y que estaba allí para “acompañar a un amigo”, Ramón Nieves Vázquez llenaba los formularios para hacerse la prueba de VIH, justo al lado de la mesa con ropa del Ejército de Salvación.

De 36 años, Nieves Vázquez exhibe en la piel los tatuajes que se hizo durante sus años de presidiario, dura jornada que empezó a los 12 cuando, según narró, acuchilló a un hombre que le dijo obscenidades a su mamá.

“Fue por un caripelao que mi mamá le llamó la atención porque se quería meter al patio, y le metí dos puñalás”, contó mientras esperaba su turno para la prueba.

En una institución juvenil en Ponce, donde también estaba un primo suyo, el ex adicto empezó a consumir drogas. “Vi a un primo mío usándola, me dio curiosidad y caí en la maldición. Tú sabes que en las instituciones hay más droga que en la misma calle”, aseguró el paciente de metadona.
Durante 13 o 15 años, Nieves Vázquez usó marihuana, cocaína y heroína. Ayer se realizaba, una vez más, la prueba de VIH.

“Vine a hacerme la prueba porque me gusta hacérmela, porque uno nunca sabe cuándo pueda explotar la enfermedad”, dijo mientras se comía una barra de chocolate y caramelo. Y es que, confesó él, “los presos se pinchan con lo mismo”.

Hace tres años Nieves Vázquez, quien logró graduarse de cuarto año tras las rejas, está en tratamiento con metadona y vive con su mamá. Desde entonces, afirmó, no consume drogas.
Para ganarse la vida trabaja en las picas de las fiestas patronales y en la funeraria que tiene uno de sus dos hermanos en Río Piedras donde, presuntamente, ayuda en tareas simples del embalsamamiento de cadáveres.

“Yo ayudo a limpiar el cuerpo cuando viene de Forenses y le pongo los algodones en la nariz y ayudo a coserlo”, detalló el residente de Toa Alta pero natural de Corozal.

Por lo pronto, está claro en que no quiere estar toda la vida con metadona y le va a pedir al médico que lo atiende que le baje la dosis. “A ver si termino de aquí a un año”, finalizó, mientras caminaba hasta la carpa donde servían el almuerzo las religiosas, quienes hablaban maravillas de la sazón de sus cocineras

No hay comentarios:

Publicar un comentario