lunes, 30 de abril de 2012

Lupa a bacterias en las nubes

Por EVE NEWMAN / The Associated Press LARAMIE, Wyoming -Alguien podría pensar que es un profesor distraído que está en las nubes. Pero, irónicamente, el microbiólogo Gary Franc, quien enseña en la Universidad de Wyoming, tiene los pies bien firmes sobre la tierra y centra toda su atención profesional en las nubes, en busca de bacterias. Franc estudia la patología vegetal y su incidencia sobre la producción de cultivos, pero su investigación lo ha alejado de la tierra para enfocarse en el cielo. Las bacterias específicas que busca, bacterias generadoras de hielo, contribuyen a que las gotitas de agua se congelen, y podrían desempeñar un papel en la precipitación e influir sobre las pautas climáticas. “Estoy seguro de que hay todo un ecosistema en el cielo que recién estamos advirtiendo”, afirma Franc. Las nubes están compuestas por gotas de agua microscópicas. Para que se precipiten, en la mayoría de los casos deben congelarse, lo que sucede cuando entran en contacto con una partícula, como una mota de polvo. Algunas partículas de las nubes tienen un núcleo biológico, como bacterias, en el centro en vez de una pizca de polvo. Y algunas especies de bacterias incluso pueden hacer que las gotículas se congelen a temperaturas más templadas. “Básicamente, estas bacterias tienen proteínas que alinean moléculas de agua que simulan la estructura cristalina del hielo”, explica el científico. Su primer contacto con las bacterias generadoras de hielo ocurrió cuando era alumno en la Universidad de Wisconsin en los años 70, cuando un estudiante avanzado efectuó una demostración en la clase de introducción a la patología de las plantas. El chico empezó con agua limpia y le agregó bacterias generadoras de hielo. Presión evolutiva “El agua se congelaba instantáneamente y se convertía en hielo. Yo me pregunté qué presión evolutiva estaba en juego para causar que un organismo congelara el agua”, planteó Franc. Gabor Vali, hizo un descubrimiento similar a mediados de los sesenta. Franc, quien se crió en una granja lechera y siempre se fascinó con las bacterias, por su parte, continuó sus estudios en bacteriología y patología vegetal, hasta llegar a la Universidad de Colorado como investigador adjunto en en la década del ochenta. Siguió coleccionando muestras atmosféricas después de llegar a la Universidad en 1991 y trabajó en el Laboratorio Storm Peak, en Colorado, que se alza sobre el Monte Werner, a 10,500 pies de altura, lo que facilita recoger buenas muestras de nubes

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