martes, 24 de mayo de 2011

Tildan de injustos los topes a la impericia médica

Tildan de injustos los topes a la impericia médica
Raúl González no camina ni habla y hay que hacérselo todo. El niño padece de encefalopatía isquémica anóxica causada por una insuficiencia de oxígeno en el cerebro, luego de recibir una dosis excesiva de un tranquilizante cuando le iban a realizar un MRI a los dos años de edad.
(Primera Hora / David Villafañe)
martes, 24 de mayo de 2011
Maritza Díaz Alcaide / Primera Hora

Hablan de impericia médica desde el burocrático confort gubernamental. A la angustia mental del que queda paraplégico o termina con un hijo postrado en cama le ponen un “tope” para que no puedan reclamar más de $250 mil “si no hay negligencia crasa”, y eso a Miguel Ángel Torres le suena injusto... terriblemente injusto.

Tan injusto que el ex policía, a través de Primera Hora, invita a los proponentes del proyecto a pasar una semana en una silla de ruedas, como él, para que conozcan lo que vive a diario.

Miguel Ángel está en cama estos días por culpa de las úlceras, y desde allí le suplica al gobernador Luis Fortuño, “que antes de firmar nada” sobre impericia médica, hable con personas como él.

Le pide que les de el beneficio de escucharlos.

Miguel Ángel Torres, de 39 años, ya no camina porque persiguiendo a un delincuente se cayó y el médico que lo atendía nunca quiso referirlo a un neurólogo.


“Tenía -cuenta- una lesión en el cordón espinal. No me operaron a tiempo y el daño ya es irreversible”.

Torres está inhabilitado para trabajar y la pensión de ex agente no le da para sufragar todos sus gastos; menos aún para pensar en adquirir un vehículo que le permita disfrutar de una mejor condición de vida.

IRaúl, tiene apenas 10 años. Nació completamente normal y a los dos años, sus papás lo llevan al médico por problemas de visión en un ojo. Se le recomendó un MRI y para que se quedara quieto durante el examen, le administraron un sedante. Tanto, que sufrió una insuficiencia de oxígeno en el cerebro que le causó una encefalopatía isquémica anóxica.

Raulito no camina, no habla. Apenas come por su boca y todo hay que hacérselo, hasta sacarle sus evacuaciones.

El presidente de la Asociación de Víctimas de Impericia, Raúl González, su padre, urge del Primer Ejecutivo que retire elproyecto del “tope”.

El también abogado se enfrenta al mandatario cuando éste dice que las “negligencias crasas” no tendrán una compensación máxima.

“La negligencia crasa es prácticamente imposible de probar, a menos que estés persiguiendo a un médico 24 horas al día para ver si usa drogas o es alcohólico...”, dijo González tras subrayar que ése es un estándar tan alto que es casi imposible de cumplir.

González también advirtió que el tope de los $250 mil es para todas las víctimas de impericia, para el perjudicado y para todos los miembros de su familia.

Agregó, por otro lado, que se pretende legislar un tope para los daños no económicos y eso lo que significa es que los ancianos, amas de casa o desempleados o sus familiares no van a recibir compensación porque en este caso no hay pérdida por “dinero devengado”.

“¡Eso es lo que vale la vida!”, señaló indignado el letrado, quien consignó que la medida que promueve Luis Fortuño no sólo castiga más a los más pobres, sino también a los que “tienen razón, a los que presentaron pleitos legítimos”.

Las demandas frívolas, sostuvo, no están en juego en esta controversia, porque los sancionados serán los que ya tienen una sentencia a su favor, los que lograron probar precisamente que su reclamo no era frívolo.

“Es ley de vida. No hay servicio o cuidado responsable sobre lo que uno no tiene responsabilidad. Si se aprueba esa ley, los médicos no pondrán el mismo cuidado... Nadie cuida lo que no es suyo, dice el jíbaro”, acota otro papá devastado por la angustia de ver a uno de sus hijos casi inerme.

Carlos Santiago (nombre ficticio), de Dorado, demandó al médico y al hospital que se suponía que le dieran cuidado a su esposa durante el parto de su hija.

El obstetra ese día no apareció y un sustituto tampoco llegó a tiempo para evitar un evento catastrófico que le ocasionó a la bebé grave daño cerebral.

“Tu vida cambia... Tu casa ya no sirve... tu carro ya no sirve... Ya no puedes trabajar en lo que trabajabas”, dice Santiago al enumerar algunas de las penurias económicas típicas de quien experimenta la tragedia de la impericia médica.

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