lunes, 2 de mayo de 2011

Pobreza: realidad que muchos ignoran

Pobreza: realidad que muchos ignoran
María “Santitos” Rojas Rojas busca agua en una charca cerca de su casa. En el recuadro, uno de sus vástagos la consuela al pensar que le quitarán a sus hijos por no tener agua.
lunes, 2 de mayo de 2011
Bárbara J. Figueroa Rosa / Primera Hora

Orocovis. “No le deseo ni a mi peor enemigo tener que vivir sin agua”.

María “Santitos” Rojas Rojas trató de contener el llanto, pero la frustración pudo más que su intento cuando le relató a Primera Hora las vicisitudes que atraviesa por carecer de un servicio al que la mayoría tiene acceso en el país: el agua.

“Cuando uno tiene nenes chiquitos es bien difícil... esto no es fácil para nadie. Y te digo la verdad, yo no le deseo ni a mi peor enemigo tener que vivir sin agua”, dijo con un profundo sentimiento la vecina del sector Miraflores, del barrio Saltos, de Orocovis, municipio que se perfiló en el Censo del 2000 como el más pobre de Puerto Rico, pues el 63.4% de sus habitantes vivían bajo el nivel de pobreza.

Una década más tarde la historia parece repetirse pues, aunque parece increíble, la desventaja económica -al menos en Miraflores- es de tal magnitud que gente como Santitos tienen que acudir a una charca cercana para suplirse de agua.

Y es que la mujer de 25 años, madre de cuatro niños cuyas edades fluctúan entre los dos y ocho años, dijo que ella y su esposo José Gerardo Martínez resuelven a veces “buscando agua en casa de mi suegra”.

Pero, muchas otras ocasiones - tal como sucedió el día que Primera Hora visitó la comunidad- buscan el líquido en un pequeño cuerpo de agua que queda cerca de su residencia.

Paila en mano, Santitos se zumbó jalda abajo y fue en busca “aunque sea de un chispito de agua para poder limpiar y hacer otras cosas”.

“A los nenes yo no les doy a beber de esa agua... y yo cocino con agua limpia”, aclaró.

“Y a veces nos bañamos en la joya, ¿verdad, mami?” , dijo espontáneamente su hija Natalie, de cuatro añitos.

Santitos -cuyo esposo es un agricultor desempleado que se busca el peso colectando metales y aluminio en vertederos y basura- explicó que no tiene el servicio de agua a causa de una deuda que dejó su papá (quien se fue a vivir a Estados Unidos) en la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) desde el 2002.

“He tratado de buscar ayuda en el Municipio, en especial cuando se me enfermó uno de los nenes con bronquiolitis, pero no hicieron nada... a esta comunidad la marginan porque somos pobres y negros”, dijo la muchacha que recibe $600 de cupones, de los cuales $400 son utilizados en alimentos para la familia.

“Los chavos casi no dan, pero sobrevivimos. Porque te digo la verdad, el día que se pueda comer arroz y carne, se come. Cuando no, sancochamos guineos o ñame de monte. Además, yo pienso en esa gente que está en Haití, y nosotros estamos bien”, dijo resignada a quien le preocupa que el prejuicio que hay hacia la comunidad ponga en riesgo la estabilidad de su hogar.

“Mi miedo es que, como soy pobre y tengo necesidades como lo del agua, quieran venir a quitarme a los nenes. Eso no es justo porque yo soy pobre pero a mis nenes los cuido mucho y aquí todo el mundo lo sabe”, dijo la mujer en referencia a sus retoños.

“No, mami, no pienses en eso. Yo no quiero verte llorando ni temblando. ¿Verdad, señora, que nadie nos va a llevar?”, expresó Luis, el mayor de sus hijos, mientras le limpiaba una lágrima a su mamá.

Lo cierto es que Santitos hace lo que puede dentro de las circunstancias que la rodean a ella y a los demás residentes, donde la distancia parece ser su peor enemigo.

“Yo no tengo a los nenes chiquitos en Head Start porque me queda lejos y no hay una guagua que los pueda venir a buscar”, dijo quien tiene una baja escolaridad (octavo grado), una historia que se repite en casi todos los residentes del área, donde habitan cerca de 300 familias.

Este dato confirma las revelaciones del estudio Kid Count Puerto Rico 2010 que produjo la Coalición Nacional de la Raza, en el que se indica que el pueblo donde los niños viven con el nivel más alto de pobreza es Orocovis (77%). También es el que tiene la mayor proporción de niños recibiendo asistencia pública.

Cocinan al fogón

Otra de las peculiaridades del sector es que casi todos los residentes cocinan al fogón.

“Ay, mija, es que la comida al fogón sabe mejor... además, no tenemos chavos para pagar el gas”, dijo doña María Martínez mientras volteaba unas malangas, uno ñames y guineos que sancochaba en el ranchón donde tiene ubicado el fogón que prende dos veces al día para cocinar sus alimentos.

“Cuando se terminen de cocinar las viandas, las mezclo con un poco de bacalao, aceite y cebolla y listo”, dijo la anciana que compartiría los alimentos con otra vecina del lugar donde se percibe el cooperativismo.

Otro residente de Miraflores, Félix Rojas, quien vive junto con su esposa y dos hijas, de nueve y 13 años, lamentó que sus pequeñas no tengan “ni siquiera una cancha cerca en donde jugar”.

“Por nuestra condición económica, el único paseíto que les puedo dar al mes es cuando voy a hacer la compra al supermercado de Aibonito... chacho, eso pa’ ellas es bien divertido porque se dan su vueltita”, expresó quien acusa al alcalde, Jesús Colón Berlingeri de prejuiciarlos y negarles ayuda “porque somos populares. Y eso no debe ser porque su deber es ayudar al pueblo, no sólo a los penepés”, agregó el agricultor que gana $25 semanales buscando cosecha en una finca privada cerca de su casa.

Ayuda a la vista

Una entidad que se ha propuesto promover el autodesarrollo en Miraflores es la corporación sin fines de lucro Pathstone, una organización que desde el año pasado idea actividades para proveer ayuda a los trabajadores agrícolas del área.

“Nosotros lo que buscamos es readiestrar a muchos de estos trabajadores agrícolas en otros oficios, como hojalatería, soldadura o repostería. También les ofrecemos otros talleres a sus dependientes”, dijo Lilia Martínez, quien trabaja para Pathstone.

“La gente de Pathstone nos está ayudando a crear unas propuestas para lograr, por ejemplo, que nuestra comunidad tenga un centro comunal donde podamos hacer actividades y en conseguir algún medio de transportación para que los residentes puedan ir a sus citas médicas o de las agencias de gobierno sin preocupación alguna”, expresó, por su parte, Cándida Torres, presidenta de la Nueva Asociación Comunitaria de Miraflores.

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