jueves, 23 de julio de 2009

Violadores de patrón conocido en Guaynabo y Carolina

jueves, 23 de julio de 2009
Farasch López Reyloz
Para Primera Hora


Una joven residente de un exclusivo complejo de vivienda en el área de Guaynabo fue atacada sexualmente hace más de dos meses por individuos que se ajustan a la descripción de los que violaron a dos mujeres en Parque Escorial, con el mismo modus operandi de los casos recientes.
Esta primera víctima siguió todas las recomendaciones para que su caso de violación fuera atendido con celeridad y que se pudiera recopilar la evidencia. A pesar de ello, las autoridades aparentan no haber dado el debido seguimiento y estos sujetos no han sido capturados. Todo parece apuntar a que la impunidad les ha servido para seguir violando mujeres en distintos complejos residenciales.


Ante las nuevas denuncias, la mujer decidió conversar con Primera Hora y dar datos que entiende son relevantes. Sus atacantes eran dos sujetos armados, uno de ellos gordo y otro delgado. Ambos irrumpieron en su casa en la madrugada, enmascarados y utilizando guantes y camisas de manga larga, lo que dificulta su identificación.
El apartamento estaba totalmente enrejado, pero los escaladores lograron desenroscar una cerradura y tener acceso al interior de la residencia.

Una vez dentro de la casa van al cuarto de ella, la alumbran con una linterna y le avisan que se trata de un asalto. Sólo le habló el individuo grueso, mientras le daba instrucciones al otro sujeto, que la víctima indica nunca le habló.

El individuo gordo le quita el celular y lo apaga, dejándola incomunicada. Luego procede a amordazarla y a atarla de manos y pies. Para ello se sirvió de cables de artefactos electrónicos de la casa, pues ella no identificó que trajeran herramientas ni cables. La mujer trató de mantenerse en control para manejar la situación, pero sin provocar violencia por parte de sus atacantes.

Entendió que prestar resistencia podría ser más riesgoso para su integridad personal, así que “decidí cooperar en todo”. La joven relata que los individuos estuvieron en su casa casi dos horas en las que “subían y bajaban”, pero ella no podía verles porque habían cerrado la puerta de su cuarto una vez la inmovilizaron.
Es el sujeto grueso quien regresa a la habitación, le arrebata la sábana que usaba para cubrirse, y la viola.

¿Qué pensaste o qué te mantuvo en control, qué crees que te ayudó a manejar esta situación?
Estar tranquila, no ponerme histérica, mantener el control de la situación, no llorar. Decidí rezar y repetir y repetir el Salmo 23 en mi mente, le pedí al Señor que me dejara salir de esto y eso de no poner resistencia y de dejarlos que se llevaran lo que quisieran, de cooperar, puede ser lo que me salvó de que no pasara nada peor. Cooperé todo el tiempo, decidí que no iba a gritar.
A pesar de que toda irrupción en el espacio privado o íntimo de cualquier sujeto puede y debe considerarse como un acto violento, la idea general de que una violación sexual estará acompañada de traumatismos físicos siempre es sin duda un preconcepto errado.

En la experiencia de esta joven no mediaron golpes ni gritos y el temor de encontrarse atada y amordazada no evitó que mantuviera la lucidez necesaria para salir librada de la agobiante experiencia que no termina con el acto de violación, puesto que estos sujetos permanecieron en su residencia un rato después del ataque.
“Él me dice: ‘Vamos a estar abajo’”, cuenta. “Entonces, decido esperar como media hora, que sentía que ya no había nadie.”
Después de esa espera, ella decide mantenerse con la ropa que llevaba puesta, se pone pantalones y sale a buscar ayuda.

Tras una larga espera de más de 10 horas en el hospital para recopilar evidencia y recibir atención médica y atravesar diversos sucesos que la llevaron a descubrir que el trato de algunas autoridades y la burocracia gubernamental son igualmente ultrajantes para las víctimas, al día siguiente fue al CIC de Bayamón a completar una entrevista con los agentes asignados al caso. Desde entonces no ha sabido del curso de la investigación ni ha sido contactada por ningún fiscal ni ha sido citada.

¿Le diste seguimiento a la Policía?
Sí, al principio llamaba una vez por semana o dos, luego lo dejé convencida de que no iba a pasar nada. Ahora con los casos volví a llamar, pero igual no ha pasado nada.
A pesar de todo, ella sigue interesada en que su caso sea atendido. Está dispuesta a ir al tribunal si los sujetos son capturados y a enfrentar los retos que supone este tipo de casos para la estabilidad emocional de las víctimas. Pero mientras no pasa nada con las autoridades, “lo que quiero es protegerme porque no quiero que me vigilen de nuevo, según me vigilaron para atacarme”, indica.

Lo cierto es que esta joven está convencida de que sus atacantes concuerdan perfectamente con la descripción que han dado recientemente las víctimas de Parque Escorial. Asimismo, asegura que ellos la deben haber vigilado por algún tiempo y que no cree ser la primera víctima de la pareja.
“No, no fui la primera, ellos tenían las cosas bien planeadas, no creo que yo fuera la primera”, sostuvo.

Por otra parte, también destacó que este tipo de delito afecta de alguna manera a la comunidad en la que ocurre: “En mi comunidad hay gente que se mudó, que estaban más afectados que yo”, indicó.
Lo cierto es que las falsas seguridades que nos creamos con complejos de vivienda con control de acceso, con alarmas, rejas y otros artefactos se han venido abajo.

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