por Bárbara J. Figueroa Rosa
“No hay parcela de la cultura puertorriqueña en la cual esté ausente su huella. Constatar en su partida física que su DNA está presente en cada molécula de la cultura de su patria nos reconforta y nos sosiega”.
Así leía la tarjeta de recordación que se les otorgó a los ciudadanos que asistieron al velorio de don Ricardo Alegría Gallardo, cuyos restos descansan desde hoy en el Viejo San Juan que tanto amó y defendió.
Cientos de puertorriqueños se unieron al último adiós a don Ricardo, el gran defensor de la cultura puertorriqueña que murió el pasado jueves, a sus 90 años, tras complicaciones de salud.
Desde tempranas horas de la mañana la multitud se acomodó en el patio del Centro de Estudios Avanzados, lugar que con mucho esfuerzo fundó y donde durante el fin de semana desfilaron muchas personas para despedirse del prócer, quien será honrado poniéndole su nombre a la institución.
Pleneros, zanqueros y cabezudos también se unieron a la despedida, que se convirtió en una hermosa fiesta de pueblo en la que se celebró la vida y obra del también historiador, arqueólogo y literato.
“¡Que viva don Ricardo!... ¡que viva la cultura!”, gritaban los presentes, mientras el féretro en madera -cubierto con la monoestrellada- era cargado por familiares y amigos y escoltado hasta la Catedral de San Juan, donde se ofreció un emotivo servicio religioso.
La homilía fue presidida por el cardenal Luis Aponte Martínez, quien explicó que, aunque está retirado, sentía el compromiso de despedirse personalmente de quien fuera “mi compañero de camino, don Ricardo Alegría”.
“Quise venir a agradecer en persona a don Ricardo por lo que hizo por nuestra Arquidiócesis y nuestra cultura”, dijo Aponte Martínez, en alusión a las labores de restauración que se hicieron en la Catedral gracias a la gesta incansable de don Ricardo.
Posteriormente, se vivió un momento intenso cuando el niño violinista Alejandro Manuel entonó “En mi Viejo San Juan”.
“Adiós, adiós, adiós Borinquen querida. Tierra de mi amor. Adiós, adiós, adiós. Mi diosa del mar, mi reina del palmar”, cantaban a coro los presentes, entre ellos la viuda de don Ricardo, Carmen “Mela” Pons, cuyo dolor era evidente en su rostro y en las lágrimas que se le escapaban por la pérdida de quien fue su compañero de vida por los pasados 63 años.
Aunque doña Mela no podía hablar, pues su sufrimiento no se lo permitía, su nieta Patricia y su nuera, Reina Tejeda, sí lo hicieron.
“Mi abuelo fue la primera persona en ponernos a mi hermano y a mí un bulto en la mano”, recordó la adolescente, al agregar que lo más difícil tras la pérdida de su abuelo consentido “será no verlo sentado en su butaca”.
La joven dijo que todos temían el “momento que desgraciadamente llegó”, pero que la reconforta saber que estará pendiente en cumplir el último deseo y petición que le hizo su abuelo: “cuidar de abuela y a la perra, y así será”.
Por su parte, Tejeda exhortó a los presentes a continuar la obra de su suegro.
Más adelante, cuando la comitiva fúnebre se trasladaba al cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, ubicado cerca de El Morro, hubo una parada en la plaza San José donde la banda del Instituto de Cultura Puertorriqueña, acompañada por los intérpretes Andy Montañez y Victoria Sanabria, entonaron “Preciosa”. Nuevamente, las emociones afloraron entre el público, donde sobraron los aplausos, pero también las lágrimas.
Finalmente, al llegar al camposanto hubo varios mensajes de duelo, entre ellos por parte de la ex gobernadora Sila María Calderón y del promotor artesanal Walter Murray Chiesa. Éste último recordó que “el artesano no pertenecía ni a la fuerza laboral y tampoco era artista” y que fue precisamente don Ricardo quien se encargó de cambiar ese pensar.
Por último, el único hijo sobreviviente de don Ricardo, el licenciado Ricardo Alegría Pons, también ofreció unas palabras durante el duelo.
“Todas esas glorias que hoy celebramos de mi padre, no se puede olvidar que, en su momento, tuvieron mucha oposición y que él tuvo que echar montaña arriba la gran piedra de la cultura”, expresó, antes de marcharse junto a su familia a dar cristiana sepultura a su padre en una ceremonia que se llevaría a cabo en privado.
Y allí, en su Viejo San Juan, en su pedacito de patria y frente al mar quedaron los restos y el vivo legado de don Ricardo. ¡Descanse en paz!
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lunes, 11 de julio de 2011
viernes, 8 de julio de 2011
Muere Ricardo Alegría, el guerrero de la cultura
por Nydia Bauzá
Se apaga una estrella, mas no su luz, que brillará por siempre en nuestra historia.
Murió don Ricardo Alegría Gallardo, padre de la cultura y celoso guardián de la puertorriqueñidad; para algunos, era como un director de orquesta, que sabía dónde ubicar el mejor instrumento.
El antropólogo, arqueólogo e historiador falleció ayer en San Juan a la edad de 90 años, dejando un enorme legado al dedicar su vida a la promoción cultural de Puerto Rico y del resto de América.
Su vida se apagó a las 6:59 de la mañana en la Unidad de Intensivo Coronario del Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe, donde estaba hospitalizado desde el lunes.
Su hijo, Ricardo Alegría Pons, explicó que su padre salió en junio del hospital, donde le habían practicado un cateterismo y una angioplastia, y pasó dos semanas en su casa, hasta que el domingo pasado le dio un dolor de pecho muy fuerte. Fue reingresado al Cardiovascular, pero no pudieron hacerle otro cateterismo porque estaba muy débil.
El gobernador Luis Fortuño decretó cinco días de duelo y las banderas comenzaron a ondear a media asta.
“Don Ricardo marcó el paso de la preservación de valores históricos y culturales de nuestra isla”, dijo Fortuño al expresar el pésame a nombre suyo y de la primera dama, Lucé Vela.
El cuerpo de don Ricardo estará expuesto desde hoy, a las 11:00 de la mañana, hasta el domingo, en la capilla del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan, que tanto amó y desde donde, con su cabellera blanca y su caminar acompasado, se mantenía al tanto del quehacer intelectual y cultural del país.
Su secretaria, Isabel Pérez Montes, informó que, cumpliendo el deseo de don Ricardo, su familia decidió que el velorio fuera en la institución, ubicada en la calle Cristo 52, donde en tiempos de España se instauró el Seminario Conciliar San Ildefonso, edificación que el antropólogo ayudó a restaurar y que luego convirtió en el Centro de Estudios Avanzados, que dirigió de 1976 al 2001. Todavía mantenía allí una oficina, aunque ya no podía visitarla.
A la una de la tarde del domingo, sus restos serán llevados a la Catedral de San Juan para una misa. Luego, el prócer será sepultado en el cementerio María Magdalena de Pazzis, del casco histórico, que don Ricardo tanto luchó para preservar.
Sin embargo, camino de su última morada, no será llevado al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), el cual fundó, porque “estaba dolido” con las medidas que el Gobierno ha tomado, al recortar el presupuesto a la agencia, cerrar museos y afectar los centros culturales.
“Él pidió que se trajera aquí, y aquí se va a traer. En una ocasión dijo: ‘No quiero que me estén llevando para aquí y para allá’”, sostuvo Pérez Montes, quien fue la mano derecha del antropólogo por los pasados 18 años. La ayudante dijo que, hasta el jueves pasado, don Ricardo se mantuvo pendiente de sus últimos proyectos y le firmó cheques para pagar cuentas y facturas.
“Siempre tenía proyectos”, dijo al agregar que esta semana se proponía conferir dos medallas de la Fundación Alegría en sencillas reuniones, como acostumbraba.
Contó que el miércoles en la noche toda la familia estuvo con él en el hospital. “Yo estaba con ellos y don Ricardo bromeó con sus nietos, diciéndoles: ‘Fueron a saludar a Canela (su perra)’”, dijo.
A don Ricardo le sobreviven su inseparable esposa, doña Carmen “Mela” Pons; su hijo Ricardo y sus nietos, Patricia, Ricardo y Francisco. Su segundo hijo, Francisco Alegría Pons, murió en 1993.
En la entrevista más reciente con Primera Hora, don Ricardo dijo que le gustaría que lo recordaran como un puertorriqueño que dedicó su vida a que sus compatriotas conocieran más y mejor la historia de su país, para que estuvieran orgullosos. “Mi padre me enseñó a conocer la historia de Puerto Rico y mi madre, que era de Loíza, me hablaba de las tradiciones de su pueblo. Por eso, uno de mis primeros estudios fue la fiesta de Santiago Apóstol, en Loíza, donde se unen elementos de la herencia africana con elementos de la cultura española. Con esa tradición que heredé de mis padres, empecé a defender la cultura puertorriqueña”.
Se apaga una estrella, mas no su luz, que brillará por siempre en nuestra historia.
Murió don Ricardo Alegría Gallardo, padre de la cultura y celoso guardián de la puertorriqueñidad; para algunos, era como un director de orquesta, que sabía dónde ubicar el mejor instrumento.
El antropólogo, arqueólogo e historiador falleció ayer en San Juan a la edad de 90 años, dejando un enorme legado al dedicar su vida a la promoción cultural de Puerto Rico y del resto de América.
Su vida se apagó a las 6:59 de la mañana en la Unidad de Intensivo Coronario del Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe, donde estaba hospitalizado desde el lunes.
Su hijo, Ricardo Alegría Pons, explicó que su padre salió en junio del hospital, donde le habían practicado un cateterismo y una angioplastia, y pasó dos semanas en su casa, hasta que el domingo pasado le dio un dolor de pecho muy fuerte. Fue reingresado al Cardiovascular, pero no pudieron hacerle otro cateterismo porque estaba muy débil.
El gobernador Luis Fortuño decretó cinco días de duelo y las banderas comenzaron a ondear a media asta.
“Don Ricardo marcó el paso de la preservación de valores históricos y culturales de nuestra isla”, dijo Fortuño al expresar el pésame a nombre suyo y de la primera dama, Lucé Vela.
El cuerpo de don Ricardo estará expuesto desde hoy, a las 11:00 de la mañana, hasta el domingo, en la capilla del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan, que tanto amó y desde donde, con su cabellera blanca y su caminar acompasado, se mantenía al tanto del quehacer intelectual y cultural del país.
Su secretaria, Isabel Pérez Montes, informó que, cumpliendo el deseo de don Ricardo, su familia decidió que el velorio fuera en la institución, ubicada en la calle Cristo 52, donde en tiempos de España se instauró el Seminario Conciliar San Ildefonso, edificación que el antropólogo ayudó a restaurar y que luego convirtió en el Centro de Estudios Avanzados, que dirigió de 1976 al 2001. Todavía mantenía allí una oficina, aunque ya no podía visitarla.
A la una de la tarde del domingo, sus restos serán llevados a la Catedral de San Juan para una misa. Luego, el prócer será sepultado en el cementerio María Magdalena de Pazzis, del casco histórico, que don Ricardo tanto luchó para preservar.
Sin embargo, camino de su última morada, no será llevado al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), el cual fundó, porque “estaba dolido” con las medidas que el Gobierno ha tomado, al recortar el presupuesto a la agencia, cerrar museos y afectar los centros culturales.
“Él pidió que se trajera aquí, y aquí se va a traer. En una ocasión dijo: ‘No quiero que me estén llevando para aquí y para allá’”, sostuvo Pérez Montes, quien fue la mano derecha del antropólogo por los pasados 18 años. La ayudante dijo que, hasta el jueves pasado, don Ricardo se mantuvo pendiente de sus últimos proyectos y le firmó cheques para pagar cuentas y facturas.
“Siempre tenía proyectos”, dijo al agregar que esta semana se proponía conferir dos medallas de la Fundación Alegría en sencillas reuniones, como acostumbraba.
Contó que el miércoles en la noche toda la familia estuvo con él en el hospital. “Yo estaba con ellos y don Ricardo bromeó con sus nietos, diciéndoles: ‘Fueron a saludar a Canela (su perra)’”, dijo.
A don Ricardo le sobreviven su inseparable esposa, doña Carmen “Mela” Pons; su hijo Ricardo y sus nietos, Patricia, Ricardo y Francisco. Su segundo hijo, Francisco Alegría Pons, murió en 1993.
En la entrevista más reciente con Primera Hora, don Ricardo dijo que le gustaría que lo recordaran como un puertorriqueño que dedicó su vida a que sus compatriotas conocieran más y mejor la historia de su país, para que estuvieran orgullosos. “Mi padre me enseñó a conocer la historia de Puerto Rico y mi madre, que era de Loíza, me hablaba de las tradiciones de su pueblo. Por eso, uno de mis primeros estudios fue la fiesta de Santiago Apóstol, en Loíza, donde se unen elementos de la herencia africana con elementos de la cultura española. Con esa tradición que heredé de mis padres, empecé a defender la cultura puertorriqueña”.
Ricardo Alegría, rescatista de la identidad Sanjuanera
Por Ileanexis Vera Rosado,
Comerciantes, residentes, corredores de bienes raíces y el alcalde de San Juan, Jorge Santini, coincidieron en que Ricardo Alegría es el responsable de rescatar y restaurar el Viejo San Juan, manteniendo la identidad de la ciudad capital.
Una de las principales corredoras de Bienes Raíces del Viejo San Juan, Margarita Gandía, explicó que la trascendental importancia de Ricardo Alegría data del 1955, cuando inicia su lucha para rescatar las raíces y mantener el patrimonio de pueblo, lo que aclaró que si se le hubiese permitido hacer lo mismo en otros cascos urbanos, Puerto Rico sería otra cosa. “Alegría logró la mezcla social de comercio, residencia y turismo, todo enmarcado en la identidad de pueblo, donde se mantuvo viva la historia que generaciones futuras podrán conocer sin haberla vivido.”
Con la muerte de Ricardo Alegría parte gran parte de la historia del país.EL VOCERO/Archivo
Gandía sostuvo que entre comillas, Alegría estaba en contra del progreso al poner limitaciones en el desarrollo, en vías de proteger el valor histórico de las propiedades. Aclaró, que aunque en su momento pudo existir algún comerciantes o residente que se opusiera a las restricciones impuestas por el Instituto de Cultura al convertir al Viejo San Juan en Zona Histórica, logro alcanzado por Alegría, al final del camino se daban cuenta que pertenecían a otro mundo, uno lleno de historia que se podía contar.
En cuánto a la posible pérdida de valor de las propiedades al no poderle hacer cambios indiscriminadamente, la corredora explicó que contrario a la percepción de que la modernización es lo que tiene valor, en este caso el restaurar una propiedad en forma inadecuada pierde total valía. Agregó, que evidencia del valor de zona histórica es el valor actual de la propiedades.
Según los valores de tasación de la zona, muchas propiedades del Viejo San Juan tasan por encima del millón.
Aunque aceptó que obtener los permisos para hacer cualquier tipo de restauración a las propiedades toma mucho tiempo, igualmente mencionó que quien opta por establecerse en San Juan es poeta o loco, ya que el Viejo San Juan guarda una magia que quienes la experimentan no la quieren abandonar, “magia que le deben a Don Ricardo”.
En un sentido muy similar se expresó Augusto Font, dueño del reconocido estacionamiento “La Cochera”, para quien la muerte de Alegría es la pérdida del único prócer que le quedaba a la Isla. “Es una pérdida no sólo para el Viejo San Juan, sino para la Isla entera. Alegría trascendió San Juan.”
Por su parte, para Santini la figura de Alegría es una de altísimo y sólido respeto, cuya aportación para San Juan, Puerto Rico y el mundo es uno inmedible. “El rescate de estudios, piezas, obras, data y demás informaciones históricas es incalculable. Era una fuente de información, un museólogo por excelencia que dedicó su vida entera para dejar información histórica al país. Su meta era hacer de San Juan un patrimonio para la humanidad y trabajaremos para ello”.
En torno al efecto de hacer el Viejo San Juan una zona histórica, explicó que se hizo de manera estructurada, y aunque entiende en su momento pudo haber molestado a algunos comerciantes o residentes, se reitera en que si no fuese de esta manera el encanto de San Juan hubiese desaparecido y con ello el valor histórico de la ciudad. Aceptó, que siempre existen oportunistas que desearan poder derrumbar varias de las propiedades y hacer en ellas apartamentos de varios pisos para venderlos a millones de dólares, estrategia que haría desaparecer lo que representa a nivel mundial el Viejo San Juan.
En igual sentido se expresó el secretario del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC) y director ejecutivo de la Compañía de Fomento Industrial (PRIDCO), José R. Pérez-Riera, quien reconoció la aportación de Ricardo Alegría a favor del Programa de Desarrollo Artesanal de PRIDCO.
Pérez-Riera destacó la visión vanguardista del doctor Alegría a favor del desarrollo de la artesanía, dirigida a convertirla en una industria pujante, generadora de empleos y, a su vez, como una fuerza para promover a Puerto Rico internacionalmente.
“Don Ricardo fue un gran colaborador de nuestro programa, a través de estos 34 años desde su fundación. Desde el Museo de Las Américas, al abrirnos sus puertas para exhibir en las salas, hasta sus sabios consejos sobre cómo desarrollar la artesanía, la generosa ayuda de don Ricardo fue clave para llevar nuestro programa a donde está hoy”, expresó Pérez-Riera al explicar que el Programa de Desarrollo Artesanal actualmente cuenta con sobre 12,000 artesanos certificados.
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Comerciantes, residentes, corredores de bienes raíces y el alcalde de San Juan, Jorge Santini, coincidieron en que Ricardo Alegría es el responsable de rescatar y restaurar el Viejo San Juan, manteniendo la identidad de la ciudad capital.
Una de las principales corredoras de Bienes Raíces del Viejo San Juan, Margarita Gandía, explicó que la trascendental importancia de Ricardo Alegría data del 1955, cuando inicia su lucha para rescatar las raíces y mantener el patrimonio de pueblo, lo que aclaró que si se le hubiese permitido hacer lo mismo en otros cascos urbanos, Puerto Rico sería otra cosa. “Alegría logró la mezcla social de comercio, residencia y turismo, todo enmarcado en la identidad de pueblo, donde se mantuvo viva la historia que generaciones futuras podrán conocer sin haberla vivido.”
Con la muerte de Ricardo Alegría parte gran parte de la historia del país.EL VOCERO/Archivo
Gandía sostuvo que entre comillas, Alegría estaba en contra del progreso al poner limitaciones en el desarrollo, en vías de proteger el valor histórico de las propiedades. Aclaró, que aunque en su momento pudo existir algún comerciantes o residente que se opusiera a las restricciones impuestas por el Instituto de Cultura al convertir al Viejo San Juan en Zona Histórica, logro alcanzado por Alegría, al final del camino se daban cuenta que pertenecían a otro mundo, uno lleno de historia que se podía contar.
En cuánto a la posible pérdida de valor de las propiedades al no poderle hacer cambios indiscriminadamente, la corredora explicó que contrario a la percepción de que la modernización es lo que tiene valor, en este caso el restaurar una propiedad en forma inadecuada pierde total valía. Agregó, que evidencia del valor de zona histórica es el valor actual de la propiedades.
Según los valores de tasación de la zona, muchas propiedades del Viejo San Juan tasan por encima del millón.
Aunque aceptó que obtener los permisos para hacer cualquier tipo de restauración a las propiedades toma mucho tiempo, igualmente mencionó que quien opta por establecerse en San Juan es poeta o loco, ya que el Viejo San Juan guarda una magia que quienes la experimentan no la quieren abandonar, “magia que le deben a Don Ricardo”.
En un sentido muy similar se expresó Augusto Font, dueño del reconocido estacionamiento “La Cochera”, para quien la muerte de Alegría es la pérdida del único prócer que le quedaba a la Isla. “Es una pérdida no sólo para el Viejo San Juan, sino para la Isla entera. Alegría trascendió San Juan.”
Por su parte, para Santini la figura de Alegría es una de altísimo y sólido respeto, cuya aportación para San Juan, Puerto Rico y el mundo es uno inmedible. “El rescate de estudios, piezas, obras, data y demás informaciones históricas es incalculable. Era una fuente de información, un museólogo por excelencia que dedicó su vida entera para dejar información histórica al país. Su meta era hacer de San Juan un patrimonio para la humanidad y trabajaremos para ello”.
En torno al efecto de hacer el Viejo San Juan una zona histórica, explicó que se hizo de manera estructurada, y aunque entiende en su momento pudo haber molestado a algunos comerciantes o residentes, se reitera en que si no fuese de esta manera el encanto de San Juan hubiese desaparecido y con ello el valor histórico de la ciudad. Aceptó, que siempre existen oportunistas que desearan poder derrumbar varias de las propiedades y hacer en ellas apartamentos de varios pisos para venderlos a millones de dólares, estrategia que haría desaparecer lo que representa a nivel mundial el Viejo San Juan.
En igual sentido se expresó el secretario del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC) y director ejecutivo de la Compañía de Fomento Industrial (PRIDCO), José R. Pérez-Riera, quien reconoció la aportación de Ricardo Alegría a favor del Programa de Desarrollo Artesanal de PRIDCO.
Pérez-Riera destacó la visión vanguardista del doctor Alegría a favor del desarrollo de la artesanía, dirigida a convertirla en una industria pujante, generadora de empleos y, a su vez, como una fuerza para promover a Puerto Rico internacionalmente.
“Don Ricardo fue un gran colaborador de nuestro programa, a través de estos 34 años desde su fundación. Desde el Museo de Las Américas, al abrirnos sus puertas para exhibir en las salas, hasta sus sabios consejos sobre cómo desarrollar la artesanía, la generosa ayuda de don Ricardo fue clave para llevar nuestro programa a donde está hoy”, expresó Pérez-Riera al explicar que el Programa de Desarrollo Artesanal actualmente cuenta con sobre 12,000 artesanos certificados.
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Descansa el coloso de la cultura
Por Jorge Rodríguez,
A las 6:00 de la mañana de ayer falleció Ricardo Alegría, el primordial gestor cultural boricua del siglo 20, a la edad de 90 años, en el Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe.
Sus restos estarán expuestos en capilla ardiente a partir de las 2:00 p.m. de hoy viernes, hasta las 10 de la noche, en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEA), situado en la calle del Cristo 52 del Viejo San Juan. El sábado el velatorio correrá desde las 9:00 de la mañana hasta las 10 de la noche, igualmente, con un concierto musical a cargo de trovadores y diversos grupos musicales.
El domingo, 10 de julio, se celebrará una misa en su memoria en la Catedral de San Juan, a las doce del mediodía, tras la cual se caminará con sus restos al cementerio Magdalena de Pazzi, contiguo a la barriada La Perla de San Juan, donde recibirá cristiana sepultura.
Don Ricardo caminaba por los pasillos del Instituto de Cultura Puertorriqueña como quien lo hace en su hogar. EL VOCERO/Archivo
El gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño, declaró cinco días de duelo por este trascendental deceso, por lo que ordenó que las banderas oficiales ondeen a media asta en los edificios públicos. Mientras, el alcalde de San Juan, Jorge Santini, ordenó tres días de duelo.
“Gracias a su obra, su perseverancia y al amor que siempre le tuvo a nuestra historia y nuestra cultura, sin duda hoy somos quienes somos como pueblo. A nombre de todo Puerto Rico, le damos gracias por su gesta y por enseñarnos a aprovechar nuestro pasado para forjar de forma más perfecta el camino que tomamos hacia el futuro”, declaró el Primer Mandatario al resaltar además que “su obra vivirá por siempre entre todos los puertorriqueños, igualmente su enseñanza del valor a preservar nuestro patrimonio histórico”.
Entre las decenas de pésames recibidos de artistas, políticos y gente del pueblo, el rector del CEA -que Alegría fundara-, el arqueólogo Miguel Rodríguez López expresó que su tristeza y la de sus estudiantes no era sólo por su pérdida terrenal, sino que se sentían agradecidos con “su vida de 90 años y su legado que impactó positivamente todas las áreas de la cultura”. “Puerto Rico tiene una identidad cultural propia gracias a la labor cultural de don Ricardo”, dijo Rodríguez.
Los presidentes de los cuerpos legislativos, Jenniffer González y Thomas Rivera Schatz resaltaron su trabajo en el quehacer cultural de Puerto Rico.
El Comité Organizador de las Fiestas de la Calle San Sebastián -la más grande fiesta cultural multitudinaria de la Isla- apuntó que Alegría rescató las mismas; y que se desempeñó como su Presidente Honorario por 42 años. El grupo destacó que Alegría junto a Rafaela Balladares se mantuvieron como orientadores y celosos guardianes de las celebraciones de las Fiestas y la confección de su programa de actividades para que contribuyera a la preservación de la cultura puertorriqueña y sus tradiciones.
Sobreviven a don Ricardo su esposa Mela Pons, su hijo Ricardo Alegría Pons y tres nietos.
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A las 6:00 de la mañana de ayer falleció Ricardo Alegría, el primordial gestor cultural boricua del siglo 20, a la edad de 90 años, en el Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe.
Sus restos estarán expuestos en capilla ardiente a partir de las 2:00 p.m. de hoy viernes, hasta las 10 de la noche, en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEA), situado en la calle del Cristo 52 del Viejo San Juan. El sábado el velatorio correrá desde las 9:00 de la mañana hasta las 10 de la noche, igualmente, con un concierto musical a cargo de trovadores y diversos grupos musicales.
El domingo, 10 de julio, se celebrará una misa en su memoria en la Catedral de San Juan, a las doce del mediodía, tras la cual se caminará con sus restos al cementerio Magdalena de Pazzi, contiguo a la barriada La Perla de San Juan, donde recibirá cristiana sepultura.
Don Ricardo caminaba por los pasillos del Instituto de Cultura Puertorriqueña como quien lo hace en su hogar. EL VOCERO/Archivo
El gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño, declaró cinco días de duelo por este trascendental deceso, por lo que ordenó que las banderas oficiales ondeen a media asta en los edificios públicos. Mientras, el alcalde de San Juan, Jorge Santini, ordenó tres días de duelo.
“Gracias a su obra, su perseverancia y al amor que siempre le tuvo a nuestra historia y nuestra cultura, sin duda hoy somos quienes somos como pueblo. A nombre de todo Puerto Rico, le damos gracias por su gesta y por enseñarnos a aprovechar nuestro pasado para forjar de forma más perfecta el camino que tomamos hacia el futuro”, declaró el Primer Mandatario al resaltar además que “su obra vivirá por siempre entre todos los puertorriqueños, igualmente su enseñanza del valor a preservar nuestro patrimonio histórico”.
Entre las decenas de pésames recibidos de artistas, políticos y gente del pueblo, el rector del CEA -que Alegría fundara-, el arqueólogo Miguel Rodríguez López expresó que su tristeza y la de sus estudiantes no era sólo por su pérdida terrenal, sino que se sentían agradecidos con “su vida de 90 años y su legado que impactó positivamente todas las áreas de la cultura”. “Puerto Rico tiene una identidad cultural propia gracias a la labor cultural de don Ricardo”, dijo Rodríguez.
Los presidentes de los cuerpos legislativos, Jenniffer González y Thomas Rivera Schatz resaltaron su trabajo en el quehacer cultural de Puerto Rico.
El Comité Organizador de las Fiestas de la Calle San Sebastián -la más grande fiesta cultural multitudinaria de la Isla- apuntó que Alegría rescató las mismas; y que se desempeñó como su Presidente Honorario por 42 años. El grupo destacó que Alegría junto a Rafaela Balladares se mantuvieron como orientadores y celosos guardianes de las celebraciones de las Fiestas y la confección de su programa de actividades para que contribuyera a la preservación de la cultura puertorriqueña y sus tradiciones.
Sobreviven a don Ricardo su esposa Mela Pons, su hijo Ricardo Alegría Pons y tres nietos.
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