15 Junio 2010
Sin complejos el español de aquí
La Academia Puertorriqueña de la Lengua Española promueve una campaña multimediática a favor del uso de la variante boricua del español
Por Ana Teresa Toro / ana.toro@elnuevodia.com
Dilo. Es imperativo y es la propia Academia Puertorriqueña de la Lengua Española la que te invita a que lo hagas.
Se trata de una serie de proyectos promovidos por la Academia que tienen como intención realzar el valor del español de Puerto Rico, toda vez que se acerca el conocimiento académico a la comunidad. Series de talleres, una nueva revista y una activa campaña denominada: “Español puertorriqueño: ¡Atrévete y dilo!” son algunos de los esfuerzos que la entidad cultural -bajo la dirección de José Luis Vega- está trabajando para lograr que el público se aproveche del conocimiento que se genera en torno a la herramienta social más importante: nuestra lengua.
Los esfuerzos también han sido un modo de lograr que la institución se sostenga pues, aunque aún no ha trascendido, la Academia perdió recientemente la mitad de su presupuesto; algo que puso en jaque sus posibilidades de sobrevivir.
“Fue un recorte de un 50% en el subsidio que le ofrecía el Gobierno (de $100 mil a $50 mil); algo drástico. Nuestro interés es mantener el mismo nivel de productividad que teníamos”, explicó Vega, quien confirmó que han logrado mantener los pocos empleados con los que operan; algo que ha sido posible porque el trabajo tanto de los integrantes de la Junta de Directores como de los académicos se realiza ad honórem.
La situación actual de la Academia, si se compara con la del resto de las 22 instituciones hermanas en Iberoamérica, tiene que ver, como casi todo, con el status político del País.
“Existe un convenio, el de Bogotá (1960), que está suscrito por casi todos los gobiernos de Hispanoamérica. En él los países se comprometen a dotar a las academias de una sede digna para celebrar sus trabajos y reuniones; en segundo lugar, a otorgar una dotación económica. Puerto Rico no tiene la facultad política, por no tener presidente, ministerios de relaciones exteriores y demás poderes, para suscribir un convenio como ese”, detalló Vega, quien es de la opinión que dicho acuerdo internacional ha sido respetado en menor o mayor medida por los gobiernos de turno.
Fue así como de operar con $4 mil al año, poco a poco, alcanzaron el presupuesto de $100 mil y bajo la incumbencia de la ex gobernadora Sila María Calderón obtuvieron la sede en el Cuartel de Ballajá.
“La Academia es una de las mejores cartas de presentación internacional de la sociedad puertorriqueña. En el concierto de las 22 academias, la nuestra es una de las más reconocidas por la calidad y seriedad de sus trabajos y por el modo en que se proyecta”, celebra.
“Hemos querido crear estas herramientas para que la gente comprenda que el trabajo académico es dinámico, y entre otras cosas, busca generar ese sentido de orgullo hacia el español que nosotros hablamos que es el dialecto caribeño”, apunta Vega.
Múltiples esfuerzos, una sola voz
La segunda edición de la revista “Dilo” publicó recientemente y continuará así de modo trimestral, luego de su primera edición en octubre.
Su apariencia llamativa en el diseño y en la tipografía para nada se asemeja a los típicos textos académicos en los que abundan las notas al calce y escasean las imágenes.
“La revista es de una línea definitivamente didáctica; abordando el idioma de una manera amena, comprensible, que no intimide y con un espíritu constructivo. Queremos trabajar con las nociones que se tienen en el País sobre la variedad puertorriqueña. También habrá datos curiosos”, adelanta Maia Sherwood, editora de la publicación.
Un tema importante en el esfuerzo será la inseguridad lingüística del puertorriqueño.
“Partimos de la convicción de que el puertorriqueño sufre una especie de complejo lingüístico y se ha difundido mucho la idea de que el español de Puerto Rico es de menor categoría que, por ejemplo, el de España, México o Argentina y eso es falso”, establece Vega, quien atribuye esta percepción a razones como la creencia de que la influencia del inglés históricamente ha producido una lengua maltrecha; la razón histórica de que el español del Caribe, por estar más alejado de los centros de poder y culturales ubicados en lo que hoy día son México y Perú, se quedó atrás en su desarrollo; y finalmente el centenario enfrentamiento entre el español y el inglés.
“Nuestro español es tan bueno y tan malo como el de cualquier otro país”, asevera Vega.
“En algunas áreas hay mayor influencia del inglés por razones inevitables, como el que se utilice como lengua administrativa, pero en la zona viva del idioma y en el español literario la fortaleza respecto al inglés es semejante a la de otros hispanohablantes, porque es nuestra lengua vernácula la que se necesita para enamorarse, para pensar”, finaliza Vega, quien con esta campaña invita entusiasmado al hablante boricua a que diga sin miedo palabras como fracatán, prángana, jincho, maceta, macacoa, pasme, frisa, atrecho, embeleco, sorbeto y pasme, entre otras tantas creaciones de nuestra lengua viva.
El Archivo Vertical Digital busca mantener un acervo de noticias en formato electrónico para el uso de los Estudiantes de la Universidad del Este Centro de Yauco y la comunidad general. Podrás encontrar las noticias por fecha o por los temas que le hemos asignado. Aún mantenemos el Archivo Impreso en la Biblioteca, pero no se duplican las noticias. Esperamos que puedas hacer buen uso de esta herramienta. En cada noticia se brinda el enlace a la página del periódico o fuente de la noticia.
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martes, 15 de junio de 2010
domingo, 30 de mayo de 2010
“Cómo hablan las mujeres”
30 Mayo 2010
“Cómo hablan las mujeres”
La mujer resulta una hablante más cortés y cooperativa que el hombre: usa más fórmulas de cortesía e interrumpe menos que el hombre
por Maia Sherwood Droz / columnalengua@gmail.com
“Cómo hablan las mujeres” es un libro breve pero sustancioso de Pilar García Mouton, una reconocida y prolífica lingüista española (Arco/Libros, 2000). Con ese título, y con esa autora, fue una compra obligatoria.
El libro cubre diversos aspectos de la ecuación ‘Mujer y Lengua’: “La mujer en sociedad”, “Mujeres y género”, “Cómo habla la mujer en el campo. Los dialectólogos”, “La mujer en la ciudad (y fuera de ella). Los sociolinguistas” y “Cómo hablan las mujeres y cómo deberían hablar”. La autora resume los hallazgos de la bibliografia existente y añade datos propios.
Al discutir las diferencias lingüísticas entre mujeres y hombres, hay que tener en cuenta los contextos sociales que por tanto tiempo han limitado la educación de la mujer y su uso público de la palabra. Históricamente las niñas han tenido más restricciones lingüísticas que los niños.
Para muestra un botón. Consideremos algunas directrices culturales que aún perduran: las mujeres deben hablar poco; hablar bien (no usar malas palabras); hablar suavemente (no gritar); no dar órdenes, sino pedir o sugerir; no interrumpir.
En este contexto restringido, las mujeres han reaccionado autocorrigiendo su habla: buscan las formas más cercanas a la norma y al prestigio, y se alejan de lo mal considerado. Explica la autora: “para ellas ‘hablar bien’, hablar con marcas de prestigio, supone un aval social y una carta de presentación que les confiere un estatus, a veces ficticio, difícil de conseguir por otros medios”.
Con esa motivación, las mujeres han sido a la vez lingüísticamente conservadoras –preservando formas tradicionales– e innovadoras –impulsando nuevas formas que consideran prestigiosas–. Estas selecciones lingüísticas femeninas se manifiestan en todas las facetas de la lengua: pronunciación, entonación, léxico, morfosintaxis, discurso.
Empecemos por lo más amplio, viendo algunos rasgos discursivos y pragmáticos que distinguen el habla femenina de la masculina. Las mujeres usan recursos para hacer la inflexión más musical y agradable: intercalan risas, gestos de asentimiento y palabras de apoyo; hablan sonriendo; usan entonación admirativa.
También usan fórmulas que excusan el conocimiento propio: “No sé si será verdad...”, “Yo de esto no sé mucho...”. Asimismo abundan los fraseos matizados: “Está más o menos pasable”, “Quedó un poco virado”. A veces empiezan oraciones que esperan que el interlocutor termine. Es frecuente además el uso del lenguaje indirecto: “¿te gustaría tomar algo?” o “tal vez podríamos hacerlo así” (frente a: “quiero tomar algo”).
Estas estrategias podrían responder al hecho histórico de que la mujer no podía permitirse ser muy afirmativa, o descortés, y por ello creó recursos indirectos para llevar sus mensajes sin generar desaprobación.
Estos rasgos han sido catalogados como muestras de inseguridad lingüística, pero son reinterpretados por García Mouton –en parte– como estrategias de cooperación comunicativa, solidaridad conversacional y un ánimo de involucrar al otro. Efectivamente, la mujer resulta una hablante más cortés y cooperativa que el hombre: usa más fórmulas de cortesía (“por favor”, “gracias”), respeta más los turnos de conversación y estadísticamente interrumpe menos que el hombre.
En la próxima columna, discutiremos más diferencias lingüísticas entre mujeres y hombres. Hasta entonces, Mujeres, observemos nuestras estrategias discursivas y preguntémonos de dónde vienen...
“Cómo hablan las mujeres”
La mujer resulta una hablante más cortés y cooperativa que el hombre: usa más fórmulas de cortesía e interrumpe menos que el hombre
por Maia Sherwood Droz / columnalengua@gmail.com
“Cómo hablan las mujeres” es un libro breve pero sustancioso de Pilar García Mouton, una reconocida y prolífica lingüista española (Arco/Libros, 2000). Con ese título, y con esa autora, fue una compra obligatoria.
El libro cubre diversos aspectos de la ecuación ‘Mujer y Lengua’: “La mujer en sociedad”, “Mujeres y género”, “Cómo habla la mujer en el campo. Los dialectólogos”, “La mujer en la ciudad (y fuera de ella). Los sociolinguistas” y “Cómo hablan las mujeres y cómo deberían hablar”. La autora resume los hallazgos de la bibliografia existente y añade datos propios.
Al discutir las diferencias lingüísticas entre mujeres y hombres, hay que tener en cuenta los contextos sociales que por tanto tiempo han limitado la educación de la mujer y su uso público de la palabra. Históricamente las niñas han tenido más restricciones lingüísticas que los niños.
Para muestra un botón. Consideremos algunas directrices culturales que aún perduran: las mujeres deben hablar poco; hablar bien (no usar malas palabras); hablar suavemente (no gritar); no dar órdenes, sino pedir o sugerir; no interrumpir.
En este contexto restringido, las mujeres han reaccionado autocorrigiendo su habla: buscan las formas más cercanas a la norma y al prestigio, y se alejan de lo mal considerado. Explica la autora: “para ellas ‘hablar bien’, hablar con marcas de prestigio, supone un aval social y una carta de presentación que les confiere un estatus, a veces ficticio, difícil de conseguir por otros medios”.
Con esa motivación, las mujeres han sido a la vez lingüísticamente conservadoras –preservando formas tradicionales– e innovadoras –impulsando nuevas formas que consideran prestigiosas–. Estas selecciones lingüísticas femeninas se manifiestan en todas las facetas de la lengua: pronunciación, entonación, léxico, morfosintaxis, discurso.
Empecemos por lo más amplio, viendo algunos rasgos discursivos y pragmáticos que distinguen el habla femenina de la masculina. Las mujeres usan recursos para hacer la inflexión más musical y agradable: intercalan risas, gestos de asentimiento y palabras de apoyo; hablan sonriendo; usan entonación admirativa.
También usan fórmulas que excusan el conocimiento propio: “No sé si será verdad...”, “Yo de esto no sé mucho...”. Asimismo abundan los fraseos matizados: “Está más o menos pasable”, “Quedó un poco virado”. A veces empiezan oraciones que esperan que el interlocutor termine. Es frecuente además el uso del lenguaje indirecto: “¿te gustaría tomar algo?” o “tal vez podríamos hacerlo así” (frente a: “quiero tomar algo”).
Estas estrategias podrían responder al hecho histórico de que la mujer no podía permitirse ser muy afirmativa, o descortés, y por ello creó recursos indirectos para llevar sus mensajes sin generar desaprobación.
Estos rasgos han sido catalogados como muestras de inseguridad lingüística, pero son reinterpretados por García Mouton –en parte– como estrategias de cooperación comunicativa, solidaridad conversacional y un ánimo de involucrar al otro. Efectivamente, la mujer resulta una hablante más cortés y cooperativa que el hombre: usa más fórmulas de cortesía (“por favor”, “gracias”), respeta más los turnos de conversación y estadísticamente interrumpe menos que el hombre.
En la próxima columna, discutiremos más diferencias lingüísticas entre mujeres y hombres. Hasta entonces, Mujeres, observemos nuestras estrategias discursivas y preguntémonos de dónde vienen...
sábado, 2 de mayo de 2009
Beneficioso dominar dos idiomas
22 de mayo de 2009 04:00 am
Académicamente, el valor de más y mejores conocimientos es de suma importancia en el mundo en que vivimos. El siglo 21 nos ha sorprendido con una nueva serie de retos que están íntimamente ligados a la tecnología y las redes informáticas.Dominar más de un idioma es ahora un requisito más que un privilegio, si el individuo desea progresar en un mundo tan competitivo como el que se nos presenta.
No podemos entonces más que aceptar esta realidad y comenzar a trabajar para abrirle esos nuevos caminos de oportunidades a nuestro hijos, que son los que vienen detrás de nosotros y quienes en sus manos tendrán el timón del futuro.Se supone, o se presume, que en nuestro país estamos un paso al frente de otros países porque dentro del currículo de enseñanza está incluido el inglés como segundo idioma.
Pero, del dicho al hecho hay un gran trecho. ¡Tal vez dentro de los programas académicos de las escuelas públicas existe una materia que es el inglés! Lo que sucede es que lamentablemente se queda en ello, un requisito en un programa de clases.La realidad admitida por el Departamento de Educación es que ni los maestros que tienen asignada tal material dominan el idioma. Cuán serio puede ser ello, pues bastante. Está perdiéndose una oportunidad preciosa de progreso académico para los estudiantes.
Pero, si el 80 por ciento de los maestros no domina el idioma inglés, es importante que sean capacitados para que así puedan hacerlo.Es más que una barbaridad que en el DE tengan maestros dando cursos para los que no están capacitados. ¡Con razón los muchachos salen tan mal preparados! Y esto es de lo que se sabe, ¿cuánto más no se sabrá y anda por tan mal camino como la enseñanza del inglés?
Académicamente, el valor de más y mejores conocimientos es de suma importancia en el mundo en que vivimos. El siglo 21 nos ha sorprendido con una nueva serie de retos que están íntimamente ligados a la tecnología y las redes informáticas.Dominar más de un idioma es ahora un requisito más que un privilegio, si el individuo desea progresar en un mundo tan competitivo como el que se nos presenta.
No podemos entonces más que aceptar esta realidad y comenzar a trabajar para abrirle esos nuevos caminos de oportunidades a nuestro hijos, que son los que vienen detrás de nosotros y quienes en sus manos tendrán el timón del futuro.Se supone, o se presume, que en nuestro país estamos un paso al frente de otros países porque dentro del currículo de enseñanza está incluido el inglés como segundo idioma.
Pero, del dicho al hecho hay un gran trecho. ¡Tal vez dentro de los programas académicos de las escuelas públicas existe una materia que es el inglés! Lo que sucede es que lamentablemente se queda en ello, un requisito en un programa de clases.La realidad admitida por el Departamento de Educación es que ni los maestros que tienen asignada tal material dominan el idioma. Cuán serio puede ser ello, pues bastante. Está perdiéndose una oportunidad preciosa de progreso académico para los estudiantes.
Pero, si el 80 por ciento de los maestros no domina el idioma inglés, es importante que sean capacitados para que así puedan hacerlo.Es más que una barbaridad que en el DE tengan maestros dando cursos para los que no están capacitados. ¡Con razón los muchachos salen tan mal preparados! Y esto es de lo que se sabe, ¿cuánto más no se sabrá y anda por tan mal camino como la enseñanza del inglés?
jueves, 16 de abril de 2009
Edison Marín se operó por su "erre"
jueves, 16 de abril de 2009
Ivelisse rivera Quiñones
Primera Hora
Desde sus primeros recuerdos de vida Edison Marín arrastra la R.
“Víctima” del fenómeno de la R velar, que hoy sabemos no es falta de educación ni exclusivo de los niveles más bajos de la economía, Marín padeció las burlas de sus compañeros de escuela y otras personas que le pedían que repitiera las palabras que marcaban su dificultad y hasta le preguntaban si era francés.
Esto, sin embargo, no le creó ningún complejo mientras era un niño y adolescente. Al graduarse de la universidad la historia fue otra. Cobró conciencia de lo que se señala como un error de la pronunciación y se atribuló al punto de optar por someterse a una cirugía para corregirlo.
“Me operé y tomé terapias del habla, pero nada. No hubo forma. Palo que nace doblao...”, así explicó Marín su experiencia con la operación que aparentemente es bastante frecuente en Puerto Rico, aunque en todos los casos tiene el mismo efecto: nada.
“Doy fe de que la operación no funciona. Soy uno de los que se la hizo y no le resultó”, agregó Marín, quien sí destacó que las terapias del habla que tomó como parte del proceso lo ayudaron a corregir en algo su pronunciación de la R.
Hoy, a sus 42 años, Marín vive conforme con su forma de hablar. Sin embargo, acepta que todavía le da un poco de vergüenza, sobre todo cuando está con sus pacientes.
“Trato de arrastrarla lo menos posible, de pronunciar las palabras que lo causan lo menos posible”, dijo el optómetra.
“Con esto se nace”, destacó jocosamente el profesional.
Ivelisse rivera Quiñones
Primera Hora
Desde sus primeros recuerdos de vida Edison Marín arrastra la R.
“Víctima” del fenómeno de la R velar, que hoy sabemos no es falta de educación ni exclusivo de los niveles más bajos de la economía, Marín padeció las burlas de sus compañeros de escuela y otras personas que le pedían que repitiera las palabras que marcaban su dificultad y hasta le preguntaban si era francés.
Esto, sin embargo, no le creó ningún complejo mientras era un niño y adolescente. Al graduarse de la universidad la historia fue otra. Cobró conciencia de lo que se señala como un error de la pronunciación y se atribuló al punto de optar por someterse a una cirugía para corregirlo.
“Me operé y tomé terapias del habla, pero nada. No hubo forma. Palo que nace doblao...”, así explicó Marín su experiencia con la operación que aparentemente es bastante frecuente en Puerto Rico, aunque en todos los casos tiene el mismo efecto: nada.
“Doy fe de que la operación no funciona. Soy uno de los que se la hizo y no le resultó”, agregó Marín, quien sí destacó que las terapias del habla que tomó como parte del proceso lo ayudaron a corregir en algo su pronunciación de la R.
Hoy, a sus 42 años, Marín vive conforme con su forma de hablar. Sin embargo, acepta que todavía le da un poco de vergüenza, sobre todo cuando está con sus pacientes.
“Trato de arrastrarla lo menos posible, de pronunciar las palabras que lo causan lo menos posible”, dijo el optómetra.
“Con esto se nace”, destacó jocosamente el profesional.
Son muchos lo spuertorriqueños que arrastrasn la "erre"
jueves, 16 de abril de 2009
Ivelisse Rivera Quiñones
Primera Hora
Había un perro debajo de un carro, vino otro perro y le mordió el rabo. Corre, corre por la calle arriba, corre, corre por la calle abajo.
Si al leer este trabalengua notó que arrastraba la R no se sienta mal, usted no está solo. Son muchos los puertorriqueños que presentan este fenómeno lingüístico a lo largo de nuestra islita.
Esa llamada R arrastrá, que tanto escuchamos cuando alguien menciona palabras como rosa, arroz y parroquia, y que despachamos simplemente como una “mala forma de pronunciar” de aquellos que viven en el norte o el centro de la Isla, es una característica del lenguaje boricua muy generalizada en la población que nada tiene que ver con un área geográfica específica y mucho menos con el nivel educativo o socioeconómico de aquellos que lo presentan.
Un estudio realizado por la estudiante de doctorado de las instituciones Ludwig-Maximilians Universität y Université de Paris ä, Nauterre, Carolin Graml, es tan revelador, al punto que destaca que el 85% de los puertorriqueños que entrevistó utilizaron la R velar —como se llama el fenómeno lingüístico—, o mejor dicho arrastraron la R.
Con la investigación, Graml desmitifica el tema y arroja luz sobre muchas de las interrogantes que lo acompañan.
Graml, una alemana, destaca tres grandes hallazgos. El primero, que el 85% de los participantes en su estudio arrastraron la R al menos en una ocasión durante el proceso, que incluyó cuatro partes: la lectura de una lista de palabras con la letra R, la lectura de un poema de José de Diego y dos entrevistas, una formal individual y otra informal grupal.
Los otros dos descubrimientos fueron la baja autoestima de los boricuas por las destrezas fonéticas y del lenguaje, y lo excesivo de las operaciones quirúrgicas para “solucionar el problema” que, aunque no lo crea, se hacen en Puerto Rico y no evitan que se arrastre la R.
A diferencia del frenillo, que ocurre cuando la membrana que sujeta la lengua por la parte inferior se desarrolla demasiado e impide la pronunciación libremente de varios sonidos como el de la R , la S, la T y la N, y que se puede corregir con una cirugía, la R velar no se soluciona con un bisturí porque no es un problema físico.
“No puedo llegar a una conclusión (de por qué se da el fenómeno). Lo que puedo decir es que la R es uno de los sonidos más difíciles de pronunciar, inclusive es el último sonido que aprenden los niños. También pronunciarlo como erre es más fácil”, explicó Graml, quien hoy presentará los hallazgos de su estudio al Departamento de Lingüística de la Universidad de Puerto Rico a las 4:30 de la tarde.
“Tiendo a pensar que ha sido una evolución natural de la R, parte de la evolución del lenguaje”, agregó la alemana en un perfecto español.Los estigmas
A juicio del profesor de lingüística y catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, Luis A. Ortiz López, lo único “malo” con el fenómeno es que no es la pronunciación establecida por el sistema.
“Hay un estigma alrededor de la R velar porque rompe el paradigma del sistema. Lo conservador es lo que tiene prestigio y está considerado correcto. No hay nada malo con ese sonido y ningún dato objetivo que lo desmerezca, sólo subjetivos como que es feo y desagradable”, dijo Ortiz López.
“No se puede exterminar porque es un rasgo fonético y no una anomalía física”, insistió.
Graml espera que con los datos obtenidos con su investigación los puertorriqueños se puedan sentir orgullosos de la forma tan particular de pronunciar la R, que sólo está mal si se dejan llevar por el purismo de los románticos del lenguaje.
“Quisiera que los puertorriqueños se sientan tan orgullosos de su lengua como lo son de su música, su comida y su cultura”, concluyó Graml.
Ivelisse Rivera Quiñones
Primera Hora
Había un perro debajo de un carro, vino otro perro y le mordió el rabo. Corre, corre por la calle arriba, corre, corre por la calle abajo.
Si al leer este trabalengua notó que arrastraba la R no se sienta mal, usted no está solo. Son muchos los puertorriqueños que presentan este fenómeno lingüístico a lo largo de nuestra islita.
Esa llamada R arrastrá, que tanto escuchamos cuando alguien menciona palabras como rosa, arroz y parroquia, y que despachamos simplemente como una “mala forma de pronunciar” de aquellos que viven en el norte o el centro de la Isla, es una característica del lenguaje boricua muy generalizada en la población que nada tiene que ver con un área geográfica específica y mucho menos con el nivel educativo o socioeconómico de aquellos que lo presentan.
Un estudio realizado por la estudiante de doctorado de las instituciones Ludwig-Maximilians Universität y Université de Paris ä, Nauterre, Carolin Graml, es tan revelador, al punto que destaca que el 85% de los puertorriqueños que entrevistó utilizaron la R velar —como se llama el fenómeno lingüístico—, o mejor dicho arrastraron la R.
Con la investigación, Graml desmitifica el tema y arroja luz sobre muchas de las interrogantes que lo acompañan.
Graml, una alemana, destaca tres grandes hallazgos. El primero, que el 85% de los participantes en su estudio arrastraron la R al menos en una ocasión durante el proceso, que incluyó cuatro partes: la lectura de una lista de palabras con la letra R, la lectura de un poema de José de Diego y dos entrevistas, una formal individual y otra informal grupal.
Los otros dos descubrimientos fueron la baja autoestima de los boricuas por las destrezas fonéticas y del lenguaje, y lo excesivo de las operaciones quirúrgicas para “solucionar el problema” que, aunque no lo crea, se hacen en Puerto Rico y no evitan que se arrastre la R.
A diferencia del frenillo, que ocurre cuando la membrana que sujeta la lengua por la parte inferior se desarrolla demasiado e impide la pronunciación libremente de varios sonidos como el de la R , la S, la T y la N, y que se puede corregir con una cirugía, la R velar no se soluciona con un bisturí porque no es un problema físico.
“No puedo llegar a una conclusión (de por qué se da el fenómeno). Lo que puedo decir es que la R es uno de los sonidos más difíciles de pronunciar, inclusive es el último sonido que aprenden los niños. También pronunciarlo como erre es más fácil”, explicó Graml, quien hoy presentará los hallazgos de su estudio al Departamento de Lingüística de la Universidad de Puerto Rico a las 4:30 de la tarde.
“Tiendo a pensar que ha sido una evolución natural de la R, parte de la evolución del lenguaje”, agregó la alemana en un perfecto español.Los estigmas
A juicio del profesor de lingüística y catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, Luis A. Ortiz López, lo único “malo” con el fenómeno es que no es la pronunciación establecida por el sistema.
“Hay un estigma alrededor de la R velar porque rompe el paradigma del sistema. Lo conservador es lo que tiene prestigio y está considerado correcto. No hay nada malo con ese sonido y ningún dato objetivo que lo desmerezca, sólo subjetivos como que es feo y desagradable”, dijo Ortiz López.
“No se puede exterminar porque es un rasgo fonético y no una anomalía física”, insistió.
Graml espera que con los datos obtenidos con su investigación los puertorriqueños se puedan sentir orgullosos de la forma tan particular de pronunciar la R, que sólo está mal si se dejan llevar por el purismo de los románticos del lenguaje.
“Quisiera que los puertorriqueños se sientan tan orgullosos de su lengua como lo son de su música, su comida y su cultura”, concluyó Graml.
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