Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora
Las bebidas gaseosas parecen tener un efecto que va más allá de aplacar momentáneamente la sed, según un estudio que encontró una relación entre el consumo de refrescos carbonatados y el comportamiento violento en adolescentes.
No se sabe si es el azúcar, la cafeína o la combinación de ingredientes, pero los adolescentes que aseguraron tomar más de cinco latas de bebidas gaseosas -regulares, no dietéticas- a la semana demostraron una tendencia significativamente mayor a comportarse de manera agresiva que los que consumen menos de esa cantidad de refrescos.
El estudio, realizado por investigadores de la universidad de Vermont y la Escuela de Salud Pública de la universidad de Harvard, incluyó a más de 1,870 adolescentes entre los 14 y 18 años de más de 20 escuelas públicas en Boston.
A los estudiantes encuestados les preguntaron con cuánta frecuencia tomaban bebidas gaseosas, si habían cargado un arma y si habían sido violentos con algún compañero, pareja o familiar.
Según el estudio, el impacto del consumo excesivo de bebidas carbonatadas en comportamientos violentos es similar al relacionado con el uso de cigarrillo y alcohol, aunque no establece si es una causa directa. De hecho, se encontró que quienes consumen más bebidas carbonatadas también son más propensos a tomar alcohol y fumar cigarrillos.
A la catedrática y coordinadora del Programa de Nutrición de la Universidad del Turabo, Ada Laureano, no le sorprende el hallazgo del estudio porque, según ella, “el efecto del azúcar es evidente”.
Por no tener vitaminas ni minerales, cuando una persona consume el azúcar simple de los refrescos, “el ciclo de repente se detiene”.
“Lo que provee la azúcar es energía simple. Cuando el cuerpo usa esa energía no puede completar su proceso metabólico eficientemente. Eso provoca irritabilidad porque las células provocan un humor irritable. Por eso se dice que a los niños y niñas no se les deben dar refrescos”, explicó Laureano.
La también presidenta de la Alianza contra la Obesidad Pediátrica indicó que la cafeína puede contribuir a la irritabilidad que, mal manejada, desemboca en comportamiento agresivo.
“De por sí, la cafeína puede ser un poquito estimulante y, si tienes a una persona irritable, la persona no sabe canalizar esa energía y esa disposición a estar más activo”, expuso.
En el estudio se aclara, no obstante, que no se indagó en si los refrescos que los adolescentes reportaron tomar son o no con cafeína. Se señala, además, que una posible explicación para el vínculo entre el alto consumo de azúcar y el comportamiento agresivo es que tomar bebidas azucaradas responde a bajos niveles de glucosa en la sangre, algo que también se ha asociado a conductas violentas.
La doctora explicó que a algunas gaseosas le añaden ingredientes que provocan “una sensación de endorfina”, lo que es adictivo. “En la etiqueta no te aparece la proporción”, dijo sobre los químicos cuyos nombres son indescifrables para la mayoría de quienes toman refrescos. La realidad es que deben ser pocas las personas que saben qué es el phosphoric acid o el potassium benzoate.
Según otra investigación hecha con adolescentes noruegos y citada por el estudio, el alto consumo de refresco demostró tener una correlación con una pobre salud mental y un comportamiento antisocial.
Pero, el vínculo con el comportamiento violento no es lo único que se les atribuye a los refrescos.
Según explicó Laureano, las gaseosas contienen ácido carboxílico, que “promueve que el calcio que está depositado a nivel de la médula del hueso se vaya removiendo y hace que el hueso sea más quebradizo”.
“Cuando el cuerpo lo recibe, lo reconoce como un sustituto de calcio, es una reacción bioquímica. Por eso, los refrescos se usan para limpiar”, dijo al explicar que esa efervescencia que le saca el óxido a los polos de la batería es la misma que se deposita en el hueso. “Lo mejor es tomar agua. El refresco no quita la sed”.
El Archivo Vertical Digital busca mantener un acervo de noticias en formato electrónico para el uso de los Estudiantes de la Universidad del Este Centro de Yauco y la comunidad general. Podrás encontrar las noticias por fecha o por los temas que le hemos asignado. Aún mantenemos el Archivo Impreso en la Biblioteca, pero no se duplican las noticias. Esperamos que puedas hacer buen uso de esta herramienta. En cada noticia se brinda el enlace a la página del periódico o fuente de la noticia.
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lunes, 21 de noviembre de 2011
viernes, 28 de octubre de 2011
Eres lo que aprendes a comer...
Por Yaihara Fortis Santiago
Muchas veces, cuando vamos a un restaurante nuevo, al no conocer el menú le pedimos una recomendación al mesero sobre el mejor plato de la casa. Sepa que algo similar hacen los roedores, pero a través del olfato.
En el caso de los roedores es una conducta que evolucionaron para determinar cuán segura es una fuente de alimento y en vez de preguntarle al mesero, se dejan llevar por las “recomendaciones” de sus compañeros roedores.
Hace muchos años, observaciones hechas en el ambiente natural de roedores como las ratas y los ratones demostraron que estos mamíferos tienden a dejar rastros de comida a lo largo del trayecto de donde proviene esa comida como una señal de seguridad.
Si la comida que se comen no les causa malestares estomacales, entonces la colonia de roedores puede seguir ese trayecto para encontrar una fuente de comida segura. Pero, si la comida los envenenara, entonces la colonia sabría cual fuente de alimento evitar.
Con esta información en mente, a mediados de la década de 1960, un investigador canadiense llamado Bennet G. Galef utilizó las observaciones de este comportamiento natural como herramienta para realizar estudios etológicos -o sea, estudiar las características y la evolución del comportamiento de las ratas- en su laboratorio.
En el modelo etológico llamado transmisión social de preferencia de alimento, el Dr. Galef descifró que la comunicación entre los roedores, a través de señales químico-sensoriales, era la clave para determinar la preferencia o aversión a comidas desconocidas.
Si un animal, en este caso una rata, es presentada con un alimento nuevo, seguramente evitará comerlo, debido a un fenómeno llamado neofobia (el miedo a algo nuevo).
En el laboratorio, los científicos pueden utilizar manipulaciones que hagan que la rata se acostumbre y familiarice a cierto ambiente, y al estar familiarizada con el contexto, ingiera la comida nueva.
En el caso de la prueba de comportamiento para la transmisión social de preferencia de alimento, luego de que esta primera rata (demostradora) ingiere la comida nueva, pasa a interactuar directamente con una segunda rata (observadora) que nunca ha estado expuesta o ingerido esta comida.
Básicamente es como si la primera la rata le demostrara a la segunda que esa comida nueva es segura para su consumo.
En la siguiente ocasión que la rata observadora es presentada con comidas diferentes, esta va a preferir la comida que olió en el aliento de la rata demostradora, pues ya le es familiar.
Esta prueba de comportamiento examina dos aspectos importantes. La primera, las áreas del cerebro que se encargan de procesar la información químico-sensorial que intercambian las ratas.
El segundo componente importante para la conducta de transmisión social de preferencia de alimentos son los neurotransmisores, las sustancias químicas que transmiten información entre neuronas.
El estudio de los neurotransmisores es una herramienta muy útil para entender de qué manera se comunican las neuronas, y son los elementos principales del sistema nervioso central.
A través de la prueba de transmisión social de preferencia de comida, se han identificado que los neurotransmisores llamados acetilcolina y ácido amino butírico, entre algunos otros, tienen un rol importante en dicha conducta animal.
Este tipo de pruebas de laboratorio permite que los científicos identifiquen los mecanismos involucrados en la decodificación de la información químico-sensorial importante para la transmisión social de preferencia de alimentos y otras conductas.
Además, pruebas como estas pueden adaptarse para estudiar diferentes especies y han sido muy útiles para entender la evolución de conductas que son importantes para la supervivencia de distintos animales.
Así que la próxima vez que escuchemos la frase: eres lo que comes, debemos tener en mente, que tal vez eres lo que aprendes a comer, pues la nutrición y la selección de alimentos es una conducta que muchas especies aprenden por imitación directa o indirecta.
Muchas veces, cuando vamos a un restaurante nuevo, al no conocer el menú le pedimos una recomendación al mesero sobre el mejor plato de la casa. Sepa que algo similar hacen los roedores, pero a través del olfato.
En el caso de los roedores es una conducta que evolucionaron para determinar cuán segura es una fuente de alimento y en vez de preguntarle al mesero, se dejan llevar por las “recomendaciones” de sus compañeros roedores.
Hace muchos años, observaciones hechas en el ambiente natural de roedores como las ratas y los ratones demostraron que estos mamíferos tienden a dejar rastros de comida a lo largo del trayecto de donde proviene esa comida como una señal de seguridad.
Si la comida que se comen no les causa malestares estomacales, entonces la colonia de roedores puede seguir ese trayecto para encontrar una fuente de comida segura. Pero, si la comida los envenenara, entonces la colonia sabría cual fuente de alimento evitar.
Con esta información en mente, a mediados de la década de 1960, un investigador canadiense llamado Bennet G. Galef utilizó las observaciones de este comportamiento natural como herramienta para realizar estudios etológicos -o sea, estudiar las características y la evolución del comportamiento de las ratas- en su laboratorio.
En el modelo etológico llamado transmisión social de preferencia de alimento, el Dr. Galef descifró que la comunicación entre los roedores, a través de señales químico-sensoriales, era la clave para determinar la preferencia o aversión a comidas desconocidas.
Si un animal, en este caso una rata, es presentada con un alimento nuevo, seguramente evitará comerlo, debido a un fenómeno llamado neofobia (el miedo a algo nuevo).
En el laboratorio, los científicos pueden utilizar manipulaciones que hagan que la rata se acostumbre y familiarice a cierto ambiente, y al estar familiarizada con el contexto, ingiera la comida nueva.
En el caso de la prueba de comportamiento para la transmisión social de preferencia de alimento, luego de que esta primera rata (demostradora) ingiere la comida nueva, pasa a interactuar directamente con una segunda rata (observadora) que nunca ha estado expuesta o ingerido esta comida.
Básicamente es como si la primera la rata le demostrara a la segunda que esa comida nueva es segura para su consumo.
En la siguiente ocasión que la rata observadora es presentada con comidas diferentes, esta va a preferir la comida que olió en el aliento de la rata demostradora, pues ya le es familiar.
Esta prueba de comportamiento examina dos aspectos importantes. La primera, las áreas del cerebro que se encargan de procesar la información químico-sensorial que intercambian las ratas.
El segundo componente importante para la conducta de transmisión social de preferencia de alimentos son los neurotransmisores, las sustancias químicas que transmiten información entre neuronas.
El estudio de los neurotransmisores es una herramienta muy útil para entender de qué manera se comunican las neuronas, y son los elementos principales del sistema nervioso central.
A través de la prueba de transmisión social de preferencia de comida, se han identificado que los neurotransmisores llamados acetilcolina y ácido amino butírico, entre algunos otros, tienen un rol importante en dicha conducta animal.
Este tipo de pruebas de laboratorio permite que los científicos identifiquen los mecanismos involucrados en la decodificación de la información químico-sensorial importante para la transmisión social de preferencia de alimentos y otras conductas.
Además, pruebas como estas pueden adaptarse para estudiar diferentes especies y han sido muy útiles para entender la evolución de conductas que son importantes para la supervivencia de distintos animales.
Así que la próxima vez que escuchemos la frase: eres lo que comes, debemos tener en mente, que tal vez eres lo que aprendes a comer, pues la nutrición y la selección de alimentos es una conducta que muchas especies aprenden por imitación directa o indirecta.
jueves, 27 de octubre de 2011
Controversia por el consumo de la comida chatarra
por Leysa Caro González / Primera Hora
Mientras expertos advierten que dentro de tres años tres cuartas partes de la población en Puerto Rico serán obesos, el Departamento de la Familia insiste en la extensión de un programa piloto que promueve el uso de los fast foods entre ciertos sectores de la población.
“Creo que los restaurantes tienen de todo, comida nutritiva y no nutritiva, pero el supermercado también así que es cuestión de orientar al beneficiario, que es el que al final toma la decisión”, justificó Aura Rosa, ayudante especial del director de la Administración de Desarrollo Socioeconómico de la Familia (Adsef).
“Ha sido un éxito, porque lo han utilizado personas que lo han necesitado”, reiteró Rosa. Directivos de la agencia insisten que la iniciativa Buen Provecho le hace accesible la comida a las personas deambulantes, de edad avanzada y con discapacidades. De lo contrario, muchos no comerían, aseguran. Ésa fue la razón para su implantación. Sin embargo, los resultados del proyecto indican que apenas un 2% de los 29,000 que formaban parte del mismo lo usó.
“Si el problema a solucionarse era una falta de acceso, pues los propios datos reflejan que ése no era el caso”, sentenció la doctora Ada Laureano, presidenta de Alianza contra la Obesidad Pediátrica.
Expertos que se oponen al programa cuestionaron ayer el issue de accesibilidad ante la mínima cantidad de usuarios. El grupo denominado Alianza para una Alimentación Adecuada abogó por que, en vez de promover la comida rápida, se les lleve hasta el hogar un menú diario, nutritivo y balanceado a través de los centros de cuido u organizaciones sin fines de lucro.
El plan les permite a estos grupos utilizar la tarjeta del Programa de Asistencia Nutricional (PAN) en fondas, cafeterías y fast foods. Al momento, sólo se ha implementado en San Juan y Guaynabo, pero los planes es llegar a toda la Isla.
Laureano, igualmente, argumentó el rendimiento del dinero que recibe mensualmente el beneficiario, que en promedio son $120. Indicó que si, tal y como está en el informe, el gasto diario fue de $7.03, en dos semanas el usuario no tendría dinero para gastar.
Establecieron además que ya los usuarios pueden retirar en efectivo el 25% del dinero y lo pueden invertir en los fast food si así lo desean.
El grupo fue más allá e indicó que, de hacerse permanente el proyecto, la “Isla tendrá un serio problema de salud de mayores proporciones”.
“Tenemos personas consumiendo alimentos altos en grasas o recibiendo combinaciones alimenticias que son mortales a la hora de tomar en consideración que esto podría ser un patrón de alimentación fijo”, puntualizó Laureano.
Aunque reconocieron que los fast foods han actualizado sus menús con alimentos más saludables, siguen siendo alternativas más caras y menos seleccionadas.
El presidente de la Asociación de Restaurantes de Puerto Rico (Asore), Humberto Rovira, también defendió el plan . “Es injusto e insensible limitar el tema a dólares y centavos y a los nombres de los restaurantes... Esto va más allá; se trata de no negarle esa posibilidad a esta población”, subrayó.
Mientras expertos advierten que dentro de tres años tres cuartas partes de la población en Puerto Rico serán obesos, el Departamento de la Familia insiste en la extensión de un programa piloto que promueve el uso de los fast foods entre ciertos sectores de la población.
“Creo que los restaurantes tienen de todo, comida nutritiva y no nutritiva, pero el supermercado también así que es cuestión de orientar al beneficiario, que es el que al final toma la decisión”, justificó Aura Rosa, ayudante especial del director de la Administración de Desarrollo Socioeconómico de la Familia (Adsef).
“Ha sido un éxito, porque lo han utilizado personas que lo han necesitado”, reiteró Rosa. Directivos de la agencia insisten que la iniciativa Buen Provecho le hace accesible la comida a las personas deambulantes, de edad avanzada y con discapacidades. De lo contrario, muchos no comerían, aseguran. Ésa fue la razón para su implantación. Sin embargo, los resultados del proyecto indican que apenas un 2% de los 29,000 que formaban parte del mismo lo usó.
“Si el problema a solucionarse era una falta de acceso, pues los propios datos reflejan que ése no era el caso”, sentenció la doctora Ada Laureano, presidenta de Alianza contra la Obesidad Pediátrica.
Expertos que se oponen al programa cuestionaron ayer el issue de accesibilidad ante la mínima cantidad de usuarios. El grupo denominado Alianza para una Alimentación Adecuada abogó por que, en vez de promover la comida rápida, se les lleve hasta el hogar un menú diario, nutritivo y balanceado a través de los centros de cuido u organizaciones sin fines de lucro.
El plan les permite a estos grupos utilizar la tarjeta del Programa de Asistencia Nutricional (PAN) en fondas, cafeterías y fast foods. Al momento, sólo se ha implementado en San Juan y Guaynabo, pero los planes es llegar a toda la Isla.
Laureano, igualmente, argumentó el rendimiento del dinero que recibe mensualmente el beneficiario, que en promedio son $120. Indicó que si, tal y como está en el informe, el gasto diario fue de $7.03, en dos semanas el usuario no tendría dinero para gastar.
Establecieron además que ya los usuarios pueden retirar en efectivo el 25% del dinero y lo pueden invertir en los fast food si así lo desean.
El grupo fue más allá e indicó que, de hacerse permanente el proyecto, la “Isla tendrá un serio problema de salud de mayores proporciones”.
“Tenemos personas consumiendo alimentos altos en grasas o recibiendo combinaciones alimenticias que son mortales a la hora de tomar en consideración que esto podría ser un patrón de alimentación fijo”, puntualizó Laureano.
Aunque reconocieron que los fast foods han actualizado sus menús con alimentos más saludables, siguen siendo alternativas más caras y menos seleccionadas.
El presidente de la Asociación de Restaurantes de Puerto Rico (Asore), Humberto Rovira, también defendió el plan . “Es injusto e insensible limitar el tema a dólares y centavos y a los nombres de los restaurantes... Esto va más allá; se trata de no negarle esa posibilidad a esta población”, subrayó.
Más personas con sobrepeso

por Leysa caro González / Primera Hora
En el 2014, un promedio de 2.1 millones de adultos puertorriqueños tendrán problemas de sobrepeso u obesidad.
Y lo peor es que, para ese entonces, ese 71% no sólo estará batallando contra su peso, sino posiblemente también contra un cúmulo de enfermedades crónicas como la diabetes, problemas del corazón y la alta presión como resultado de un estilo de vida poco saludable.
En resumen, en tres años habrá más obesos, más diabéticos, más hipertensos y más asmáticos a pesar de que es por todos conocido que un poco de ejercicio y una dieta balanceada harían una gran diferencia entre tener calidad de vida o no.
“La población obesa o en sobrepeso va a aumentar de entre un cinco y seis por ciento para el 2014. Si lo promediamos por año, es un por ciento aproximadamente”, advirtió la profesora de la Universidad del Turabo, Iraida Vega.
Lamentablemente, esa tendencia ascendente no es una novedad, pues desde el 1996 la prevalencia de obesidad entre la población ha ido en aumento paulatinamente, pero peligrosamente. Para ese año, el por ciento de la población en obesidad aumentó en un 16.8. Diez años después, había subido en un 24.7%. Hoy día, se estima que el 66% de los puertorriqueños adultos están sobre peso.
Y, aunque el estudio que revela los alarmantes datos no analiza a los niños, sin duda, es otro sector que no deja de preocupar, pues desde ya llevan un estilo de vida sedentario gracias a la seducción que presenta para muchos -niños y adultos- los videojuegos, la accesibilidad a la comida chatarra y el uso de la televisión como niñera.
Según estadísticas actuales, el renglón de menores de edad está en un 32 por ciento. “El problema de esto es que si ya yo tengo un adolescente obeso, cuando llegue a la adultez, va a estar enfermo”, dijo quien también se desempeña como coordinadora del Programa Coordinado de Nutrición y Dietética de la mencionada universidad.
Sin duda, la obesidad ha dejado de ser una preocupación y se ha convertido en una temida epidemia. No hay duda de que se trata de cifras alarmantes.
A esto se suma que, según el estudio del doctor Orville Disdier, Puerto Rico tiene el mayor nivel de prevalencia de diabetes en comparación con todos los territorios de Estados Unidos. Incluso, algunos estudios sugieren que la Isla tiene la prevalencia más alta de todo el mundo.
Puerto Rico es también la jurisdicción donde menos actividad física se realiza. De acuerdo con el análisis realizado por Orville, sólo el 54.5% de los adultos hace ejercicios. Mientras, apenas el 17.7 por ciento come frutas y vegetales.
Qué tentación
Los factores para esta tendencia alcista son muchos y variados. Pueden ir desde una apretada situación económica, lo que lleva a muchos a consumir lo más barato en el mercado, aunque no es excusa, hasta la inhabilidad de adoptar cambios de conducta, indicó Vega.
Pero, es el bombardeo de un fast food en cada esquina lo que parece ser un factor determinante, tanto por su accesibilidad como por su rapidez, indispensable debido al estilo de vida aprisa que llevamos, sostuvo la académica. Sin embargo, las consecuencias de hacer de los centros de comida rápida un hábito puede tener serias consecuencias.
“Son precios económicos, pero en un combo de hamburger fácilmente yo alcanzo las 1,000 calorías y la mayoría en grasas saturadas, sin añadirle el extraqueso, agrandado, el apple pie... con eso se trepa a 2,000”, denunció Vega.
Aunque la experta reconoció que los fast foods han incorporado a sus menús alimentos más saludables, como lo son las papas asadas, ensaladas, yogures y wraps, en ocasiones terminamos añadiéndoles ingredientes que afectan su valor nutricional, pues no hay un verdadero deseo de un cambio alimentario.
Por ejemplo, a la papa asada le añadimos queso, tocineta, sour cream o chili. “De una simple papa asada, que es una buena alternativa, se convirtió en otra cosa igual que un hamburger”, señaló.
Si vas a consumir la hamburguesa, pues haz la elección de pedirla sin mayonesa, carne sencilla, con pan integral y ensalada. El refresco lo puedes cambiar por agua y a las papas no le añadas sal, recomendó. “Eso es para resolver, no podemos hacer un menú diario de un fast food. Lo mejor es consumir en el hogar, donde tenemos el control de qué comemos”, dijo.
A estos factores, les añadimos ciertos cambios culturales como la dependencia del transporte a la hora de movernos de un lado a otro y el uso exagerado de aparatos tecnológicos para el entretenimiento y el trabajo. Hay que tomar en consideración también el factor genético.
Hay que quererlo
La nutricionista Sandra Ortiz reconoce que hay factores externos que nos hace más complicado decidirnos a comer saludable. Más aún cuando se está hablando de un placer, como lo es la comida. Pero cuando se quiere, se puede.
Mientras, la base para mantenerte en un estilo de vida saludable, una vez lo inicias, radica en no esperar resultados milagrosos, expresó. Es también la mejor decisión para evitar padecer una enfermedad crónica.
“La gente tiene que quitarse de la mente el concepto de que para llegar a su peso tiene que estar en una dieta. Es saber cómo puedo comer lo que me gusta, pero de una forma más saludable y en porciones”, explicó Ortiz.
“Es cuestión de modificar conductas pensando dónde quiero estar en términos de peso y salud a largo plazo y no este fin de semana para ponerme un vestido. Aquí la gente reacciona cuando le da un infarto, pero no son proactivos en prevenir eso”, lamentó.
Su recomendación es buscar ayuda individualizada o unirse a un grupo de apoyo que le permita desahogarse y no, precisamente, comiéndose todo aquello que le dice su paladar.
martes, 12 de julio de 2011
Aumenta la obesidad en muchos estados de EEUU
WASHINGTON — En 1995, ningún estado padecía un índice de obesidad superior al 20%. Ahora lo tienen todos menos uno.
Un informe anual sobre la obesidad difundido por dos grupos de salud pública analizó por primera vez las estadísticas estado por estado en las dos últimas décadas. La entidad con menor índice de obesos —Colorado, con un 19,8% de los adultos considerados así— habría tenido el índice más elevado en 1995.
“Cuando se comparan de año en año, los cambios van en aumento”, comentó Jeffrey Levi, director ejecutivo de Trust for America’s Health, que elabora el informe anual junto con la Fundación Robert Wood Johnson. “Cuando se examina con una generación de diferencia, se ve cómo llegamos a este problema”.
El estudio, basado en las estadísticas del 2010, dijo que una docena de estados superan el índice de obesidad del 30%, en su mayoría en el sur del país. Misisipí encabeza la lista por séptimo año consecutivo, seguido por Alabama, Virginia Occidental, Tenesí y Luisiana. Hace cinco años, en el 2006, Misisipí era el único estado que superaba el 30%.
Ningún estado redujo su índice de obesidad, definido por un índice de masa corporal de 30 o más. La masa corporal es dada por el peso y la altura de la persona.
Empero, no todo fueron noticias negativas en el informe: 16 estados vieron aumentar su índice de obesidad, frente a 28 el año pasado. Según Levi, esos aumentos han amainado en forma paulatina, seguramente ante una mayor preocupación pública por la salud y las gestiones gubernamentales para dar a escuelas y consumidores mejor acceso a los alimentos sanos.
“Hasta cierto punto nos estamos estacionando en un nivel inaceptablemente elevado”, afirmó.
La primera dama Michelle Obama ha encabezado la campaña “Movámonos”, promoviendo almuerzos más sanos en las escuelas, mayor acceso a frutas y hortalizas y más ejercicio físico.
Sin embargo, los legisladores republicanos en el Congreso han puesto en tela de juicio algunos de estos programas, por considerar demasiado costosa la enmienda de las directrices de los almuerzos escolares y las gestiones de la Casa Blanca para reducir la publicidad de la comida basura dirigida a los menores.
Un informe anual sobre la obesidad difundido por dos grupos de salud pública analizó por primera vez las estadísticas estado por estado en las dos últimas décadas. La entidad con menor índice de obesos —Colorado, con un 19,8% de los adultos considerados así— habría tenido el índice más elevado en 1995.
“Cuando se comparan de año en año, los cambios van en aumento”, comentó Jeffrey Levi, director ejecutivo de Trust for America’s Health, que elabora el informe anual junto con la Fundación Robert Wood Johnson. “Cuando se examina con una generación de diferencia, se ve cómo llegamos a este problema”.
El estudio, basado en las estadísticas del 2010, dijo que una docena de estados superan el índice de obesidad del 30%, en su mayoría en el sur del país. Misisipí encabeza la lista por séptimo año consecutivo, seguido por Alabama, Virginia Occidental, Tenesí y Luisiana. Hace cinco años, en el 2006, Misisipí era el único estado que superaba el 30%.
Ningún estado redujo su índice de obesidad, definido por un índice de masa corporal de 30 o más. La masa corporal es dada por el peso y la altura de la persona.
Empero, no todo fueron noticias negativas en el informe: 16 estados vieron aumentar su índice de obesidad, frente a 28 el año pasado. Según Levi, esos aumentos han amainado en forma paulatina, seguramente ante una mayor preocupación pública por la salud y las gestiones gubernamentales para dar a escuelas y consumidores mejor acceso a los alimentos sanos.
“Hasta cierto punto nos estamos estacionando en un nivel inaceptablemente elevado”, afirmó.
La primera dama Michelle Obama ha encabezado la campaña “Movámonos”, promoviendo almuerzos más sanos en las escuelas, mayor acceso a frutas y hortalizas y más ejercicio físico.
Sin embargo, los legisladores republicanos en el Congreso han puesto en tela de juicio algunos de estos programas, por considerar demasiado costosa la enmienda de las directrices de los almuerzos escolares y las gestiones de la Casa Blanca para reducir la publicidad de la comida basura dirigida a los menores.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Entre el miedo y las ganas de mejorarse
miércoles, 14 de mayo de 2008
Firuzeh Shokooh Valle
Primera Hora
Jeannette Rodríguez Colón, quien padece de anorexia, viajará hoy a Virginia para recibir un tratamiento intensivo en un centro especializado para personas con trastornos de la conducta alimentaria.
"Tiene ánimo y deseo de recuperarse, aunque también está asustada. Ella me dice que tiene miedo, pero yo le digo que tenga fe, que todo va a salir bien”
Marilyn Colón / Madre de Jeannette Rodríguez Colón
“Tiene ánimo y deseo de recuperarse, aunque también está asustada. Ella me dice que tiene miedo, pero yo le digo que tenga fe, que todo va a salir bien”, dijo a PRIMERA HORA su mamá Marilyn Colón.
Jeannette, una estudiante de 15 años con cuatro puntos de promedio, mide 5'1'' y pesa 72 libras. Hace dos años le diagnosticaron anorexia nerviosa, un trastorno de la conducta alimentaria que provoca que la persona prácticamente deje de comer. Ha rebajado dos libras desde que este diario la entrevistó hace dos semanas.
Jeannette, su madre y su padre, Víctor Rodríguez, ofrecieron su testimonio a este diario con el objetivo de crear conciencia sobre esta enfermedad mental tan compleja y estigmatizada y, además, levantar fondos para poder enviar a Jeannette a un tratamiento muy costoso en la clínica especializada Remuda Ranch, en Virginia, Estados Unidos.
El costo total del tratamiento de 60 días que incluye citas y terapias con nutricionistas, médicos, psicológos, psiquiatras, actividades recreativas y grupos de apoyo es de $160,500. La institución logró recaudar gran parte de la suma, pero a la familia Colón Rodríguez les faltaban $36,000, que fueron completados por el Fondo para Servicios contra Enfermedades Catastróficas Remediables luego de la publicación del artículo en PRIMERA HORA.
Firuzeh Shokooh Valle
Primera Hora
Jeannette Rodríguez Colón, quien padece de anorexia, viajará hoy a Virginia para recibir un tratamiento intensivo en un centro especializado para personas con trastornos de la conducta alimentaria.
"Tiene ánimo y deseo de recuperarse, aunque también está asustada. Ella me dice que tiene miedo, pero yo le digo que tenga fe, que todo va a salir bien”
Marilyn Colón / Madre de Jeannette Rodríguez Colón
“Tiene ánimo y deseo de recuperarse, aunque también está asustada. Ella me dice que tiene miedo, pero yo le digo que tenga fe, que todo va a salir bien”, dijo a PRIMERA HORA su mamá Marilyn Colón.
Jeannette, una estudiante de 15 años con cuatro puntos de promedio, mide 5'1'' y pesa 72 libras. Hace dos años le diagnosticaron anorexia nerviosa, un trastorno de la conducta alimentaria que provoca que la persona prácticamente deje de comer. Ha rebajado dos libras desde que este diario la entrevistó hace dos semanas.
Jeannette, su madre y su padre, Víctor Rodríguez, ofrecieron su testimonio a este diario con el objetivo de crear conciencia sobre esta enfermedad mental tan compleja y estigmatizada y, además, levantar fondos para poder enviar a Jeannette a un tratamiento muy costoso en la clínica especializada Remuda Ranch, en Virginia, Estados Unidos.
El costo total del tratamiento de 60 días que incluye citas y terapias con nutricionistas, médicos, psicológos, psiquiatras, actividades recreativas y grupos de apoyo es de $160,500. La institución logró recaudar gran parte de la suma, pero a la familia Colón Rodríguez les faltaban $36,000, que fueron completados por el Fondo para Servicios contra Enfermedades Catastróficas Remediables luego de la publicación del artículo en PRIMERA HORA.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Paga tratamiento de joven anoréxica
miércoles, 7 de mayo de 2008
Firuzeh Shokooh Valle
Primera Hora
Jeannette rodríguez finalmente podrá recibir el tratamiento necesario para superar la anorexia nerviosa que podría costarle la vida.
Salud
Fondos
$10 millones
El presupuesto que maneja el Fondo para Servicios contra Enfermedades Catastróficas Remediables, adscrito al Departamento de Salud. La dependencia ayuda anualmente a entre 400 y 500 personas a costear gastos médicos que no cubren la Reforma y los planes médicos privados.
La directora ejecutiva del Fondo para Servicios contra Enfermedades Catastróficas Remediables, Nitza Fusté, aseguró ayer a PRIMERA HORA que la junta directiva aprobó pagarle los $36,000 que le hacen falta a la joven de 15 años y quien pesa sólo 74 libras, para ir a una clínica especializada en Estados Unidos para personas con trastornos de conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa y la bulimia. Jeannette y Carlos Collazo, quien padece obesidad mórbida, solicitaron ayuda a través de las páginas de este diario para poder recibir los tratamientos que necesitan.
Fusté aseguró que está al tanto de la situación de Jeannette por un referido que le llegó en abril pasado, cuando dijo que comenzó a hacer la gestión con la administración de Remuda Ranch -la clínica especializada en Virginia-, para cubrir el costo del tratamiento que no pudo reunir la institución. El costo total de 60 días intensivos de citas con nutricionistas, médicos, psicólogos, psiquiatras, y actividades y grupos de apoyo es de $160,500.
El Fondo paga por “servicios rendidos” y no paga adelantado y se comunica directamente con los proveedores. La mamá de Jeannette, Marilyn Colón, se enteró de la noticia ayer por una llamada de este diario.
Fusté se comprometió, por otra parte, a atender personalmente el caso de Carlos Collazo, quien necesita una operación bariátrica que no se le puede practicar en Puerto Rico porque no hay el equipo necesario. Indicó que desde el 2005 han aprobado 11 operaciones bariátricas de personas con planes médicos privados, que no cubren este procedimiento. Precisamente el lunes pasado, el Senado aprobó el Proyecto del Senado 2401 que requiere que los planes médicos cubran el tratamiento de la obesidad mórbida y el de la cirugía bariátrica si el pacientees referido por un médico especialista.
La directora del Fondo -adscrito al Departamento de Salud-, explicó que hasta la fecha sólo han sufragado los gastos del tratamiento de una persona anoréxica, que mejoró mucho después de regresar de una clínica en Estados Unidos. Dijo que el Fondo, creado mediante ley en 1996, está dirigido por una junta integrada por médicos y por representantes de varias agencias y de la comunidad. Se les otorgan fondos a personas con enfermedades catastróficas remediables: en otras palabras, personas con condiciones que ponen sus vidas en peligro pero que pueden mejorar con un tratamiento o una operación. Indicó que anualmente les sufragan los gastos médicos -menos medicamentos y equipo- a entre 400 y 500 personas, quienes en su mayoría necesitan trasplantes de órganos vitales o tienen cáncer.
El Fondo tiene un presupuesto anual de $10 millones, ocho de los cuales vienen de una asignación de la Legislatura, y dos millones de la Lotería. Fusté aseguró que sólo el 3% se utiliza para gastos administrativos y que el resto se destina a los gastos médicos de los pacientes, cuyos casos deben ser aprobados por la junta y deben cumplir con una larga lista de requisitos para ser elegibles. El Fondo sufraga tratamientos excluidos de los planes médicos privados y de la Reforma de Salud y también paga deducibles cuando existe algún tipo de cobertura. Fusté dijo que pagan pasajes y alojamiento para la primera visita si el tratamiento o la operación es fuera de Puerto Rico.
“Normalmente se aprueban los casos. Tenemos nuestras condiciones, pero cada caso se ve en su mérito”, aseguró Fusté ayer.
Firuzeh Shokooh Valle
Primera Hora
Jeannette rodríguez finalmente podrá recibir el tratamiento necesario para superar la anorexia nerviosa que podría costarle la vida.
Salud
Fondos
$10 millones
El presupuesto que maneja el Fondo para Servicios contra Enfermedades Catastróficas Remediables, adscrito al Departamento de Salud. La dependencia ayuda anualmente a entre 400 y 500 personas a costear gastos médicos que no cubren la Reforma y los planes médicos privados.
La directora ejecutiva del Fondo para Servicios contra Enfermedades Catastróficas Remediables, Nitza Fusté, aseguró ayer a PRIMERA HORA que la junta directiva aprobó pagarle los $36,000 que le hacen falta a la joven de 15 años y quien pesa sólo 74 libras, para ir a una clínica especializada en Estados Unidos para personas con trastornos de conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa y la bulimia. Jeannette y Carlos Collazo, quien padece obesidad mórbida, solicitaron ayuda a través de las páginas de este diario para poder recibir los tratamientos que necesitan.
Fusté aseguró que está al tanto de la situación de Jeannette por un referido que le llegó en abril pasado, cuando dijo que comenzó a hacer la gestión con la administración de Remuda Ranch -la clínica especializada en Virginia-, para cubrir el costo del tratamiento que no pudo reunir la institución. El costo total de 60 días intensivos de citas con nutricionistas, médicos, psicólogos, psiquiatras, y actividades y grupos de apoyo es de $160,500.
El Fondo paga por “servicios rendidos” y no paga adelantado y se comunica directamente con los proveedores. La mamá de Jeannette, Marilyn Colón, se enteró de la noticia ayer por una llamada de este diario.
Fusté se comprometió, por otra parte, a atender personalmente el caso de Carlos Collazo, quien necesita una operación bariátrica que no se le puede practicar en Puerto Rico porque no hay el equipo necesario. Indicó que desde el 2005 han aprobado 11 operaciones bariátricas de personas con planes médicos privados, que no cubren este procedimiento. Precisamente el lunes pasado, el Senado aprobó el Proyecto del Senado 2401 que requiere que los planes médicos cubran el tratamiento de la obesidad mórbida y el de la cirugía bariátrica si el pacientees referido por un médico especialista.
La directora del Fondo -adscrito al Departamento de Salud-, explicó que hasta la fecha sólo han sufragado los gastos del tratamiento de una persona anoréxica, que mejoró mucho después de regresar de una clínica en Estados Unidos. Dijo que el Fondo, creado mediante ley en 1996, está dirigido por una junta integrada por médicos y por representantes de varias agencias y de la comunidad. Se les otorgan fondos a personas con enfermedades catastróficas remediables: en otras palabras, personas con condiciones que ponen sus vidas en peligro pero que pueden mejorar con un tratamiento o una operación. Indicó que anualmente les sufragan los gastos médicos -menos medicamentos y equipo- a entre 400 y 500 personas, quienes en su mayoría necesitan trasplantes de órganos vitales o tienen cáncer.
El Fondo tiene un presupuesto anual de $10 millones, ocho de los cuales vienen de una asignación de la Legislatura, y dos millones de la Lotería. Fusté aseguró que sólo el 3% se utiliza para gastos administrativos y que el resto se destina a los gastos médicos de los pacientes, cuyos casos deben ser aprobados por la junta y deben cumplir con una larga lista de requisitos para ser elegibles. El Fondo sufraga tratamientos excluidos de los planes médicos privados y de la Reforma de Salud y también paga deducibles cuando existe algún tipo de cobertura. Fusté dijo que pagan pasajes y alojamiento para la primera visita si el tratamiento o la operación es fuera de Puerto Rico.
“Normalmente se aprueban los casos. Tenemos nuestras condiciones, pero cada caso se ve en su mérito”, aseguró Fusté ayer.
martes, 6 de mayo de 2008
luchan contra la anorexia
martes, 6 de mayo de 2008
Firuzeh Shokooh Valle
Primera Hora
La casa de los Rodríguez-Colón tiene una campana en cada rincón. Su propósito es vital: Jeannette Rodríguez Colón a veces no tiene energía ni para hablar y usa la campana para llamar a sus padres.
Involúcrate
Coopera
Jeannete necesita $36,000 para poder ir al centro especializado para personas con trastornos alimentarios Remuda Ranch en Virginia, Estados Unidos.
Pro fondos Jeannette RodríguezCuenta Banco Popular 076138887Pro fondos Jeannette RodríguezHC02 Box 9325, Orocovis, PR 00720www.sponsorjeannette.comTeléfono: 787-867-4564
El cuerpo de Jeannette se está desvaneciendo. Sus pasos no se sienten, su voz apenas se escucha y tiene la mirada triste. Tiene 15 años, mide 5'1'' y pesa 74 libras. Hace dos años le diagnosticaron anorexia nerviosa, un trastorno de la conducta alimentaria que provoca que la persona prácticamente deje de comer. Es una enfermedad mental, estigmatizada y poco comprendida.
Jeannette ha rebajado 64 libras y todavía, en ocasiones, se mira en el espejo y se encuentra gorda. Cuando todavía tenía algunas energías, hacía ejercicios compulsivamente. Pero “Ginny”, como la llaman cariñosamente, ya casi no puede ni moverse. Su condición ha empeorado, aunque recibe el apoyo de sus padres, Marilyn Colón y Víctor Rodríguez, y de sus hermanas mayores Jo-Anne y Jessica.
Jeannette apenas puede ir a la escuela, donde ha logrado mantener 4.00 puntos e incluso les ofrece tutorías a compañeros estudiantes. Apenas puede dormir, conversar o sonreír. Es una dibujante, una artesana y una cocinera talentosa. Pero nunca ha probado las galletas que hornea para levantar fondos para poder recibir la atención médica y psicológica que necesita en un centro especializado en Estados Unidos.
¿Por qué dejaste de comer?
-Yo quería rebajar... Estaba sobre peso, la nutricionista me había dado una dieta para rebajar, baja en grasa. Quería rebajar hasta estar flaquita.
¿Qué pasó?
-Yo no veía que rebajaba.
¿Alguien te hizo algún comentario que te provocara esta enfermedad?
-(Piensa) Una tía me decía que estaba gorda.
La voz de Jeannette es casi imperceptible. Está muy frágil, cansada y, en momentos durante la entrevista, se queda dormida en el sofá de su casa en las montañas de Orocovis.
Ha residido toda la vida en el barrio Damián Arriba, sector Gregorio, en una casa que parece de muñecas. Está llena de fotografías de las tres hermanas, de los nietos, de las medallas de excelencia académica de Jeannette y de sus artesanías. De repente, en alguna pizarra se puede leer: “Jeannette, te amamos” o “Recuerda el calcio”. Son los mensajes de su madre.
Firuzeh Shokooh Valle
Primera Hora
La casa de los Rodríguez-Colón tiene una campana en cada rincón. Su propósito es vital: Jeannette Rodríguez Colón a veces no tiene energía ni para hablar y usa la campana para llamar a sus padres.
Involúcrate
Coopera
Jeannete necesita $36,000 para poder ir al centro especializado para personas con trastornos alimentarios Remuda Ranch en Virginia, Estados Unidos.
Pro fondos Jeannette RodríguezCuenta Banco Popular 076138887Pro fondos Jeannette RodríguezHC02 Box 9325, Orocovis, PR 00720www.sponsorjeannette.comTeléfono: 787-867-4564
El cuerpo de Jeannette se está desvaneciendo. Sus pasos no se sienten, su voz apenas se escucha y tiene la mirada triste. Tiene 15 años, mide 5'1'' y pesa 74 libras. Hace dos años le diagnosticaron anorexia nerviosa, un trastorno de la conducta alimentaria que provoca que la persona prácticamente deje de comer. Es una enfermedad mental, estigmatizada y poco comprendida.
Jeannette ha rebajado 64 libras y todavía, en ocasiones, se mira en el espejo y se encuentra gorda. Cuando todavía tenía algunas energías, hacía ejercicios compulsivamente. Pero “Ginny”, como la llaman cariñosamente, ya casi no puede ni moverse. Su condición ha empeorado, aunque recibe el apoyo de sus padres, Marilyn Colón y Víctor Rodríguez, y de sus hermanas mayores Jo-Anne y Jessica.
Jeannette apenas puede ir a la escuela, donde ha logrado mantener 4.00 puntos e incluso les ofrece tutorías a compañeros estudiantes. Apenas puede dormir, conversar o sonreír. Es una dibujante, una artesana y una cocinera talentosa. Pero nunca ha probado las galletas que hornea para levantar fondos para poder recibir la atención médica y psicológica que necesita en un centro especializado en Estados Unidos.
¿Por qué dejaste de comer?
-Yo quería rebajar... Estaba sobre peso, la nutricionista me había dado una dieta para rebajar, baja en grasa. Quería rebajar hasta estar flaquita.
¿Qué pasó?
-Yo no veía que rebajaba.
¿Alguien te hizo algún comentario que te provocara esta enfermedad?
-(Piensa) Una tía me decía que estaba gorda.
La voz de Jeannette es casi imperceptible. Está muy frágil, cansada y, en momentos durante la entrevista, se queda dormida en el sofá de su casa en las montañas de Orocovis.
Ha residido toda la vida en el barrio Damián Arriba, sector Gregorio, en una casa que parece de muñecas. Está llena de fotografías de las tres hermanas, de los nietos, de las medallas de excelencia académica de Jeannette y de sus artesanías. De repente, en alguna pizarra se puede leer: “Jeannette, te amamos” o “Recuerda el calcio”. Son los mensajes de su madre.
Necesitan ayuda para continuar
martes, 6 de mayo de 2008
Primera Hora
Son dos seres humanos que necesitan ayuda. Sus vidas dependen de ello.
Carlos Collazo, de 39 años, padece obesidad mórbida. Pesa 740 libras y está desesperado por encontrar una salida a su situación.
Siempre estuvo sobre peso, pero en los pasados dos años, tras la muerte de su padre, ha aumentado 300 libras. Esa muerte le causó una terrible depresión que lo mantuvo en un cuarto. Desde hace un mes no se puede levantar de la cama. Está atado a un tanque de oxígeno 24 horas al día, siete días a la semana.
Carlos y su familia están clamando por ayuda. Necesitan que algún médico o empresa le haga los contactos para recibir tratamiento médico fuera de Puerto Rico en una clínica especializada. Carlos ha visitado bariatras en la Isla, pero le han dicho que no lo pueden operar: las camillas disponibles son para personas que pesan hasta 500 libras.
Jeannette Rodríguez, de 15 años, padece anorexia nerviosa. Hace dos años la diagnosticaron. Antes pesaba 138 libras y hoy día pesa 74 libras, precisamente una décima parte del peso de Collazo. Jeannette apenas puede hablar, caminar, conversar o sonreír. Todavía, con mucha dificultad, logra ir diariamente a su escuela superior en Orocovis, donde se ha destacado como una estudiante de 4.00 puntos.
Su condición se ha agravado tanto que casi no aguanta la comida. La tasa de muertes de los trastornos alimentarios es la más alta de las enfermedades mentales.
Jeannette necesita ir a una clínica especializada en Estados Unidos —en Puerto Rico no existen— para recibir un tratamiento multidiscplinario integrado por nutricionistas, psiquiatras, psicólogos y médicos. Allí también podrá compartir con otras adolescentes que padecen algún trastorno de la conducta alimentaria. Sus padres necesitan $36,000 para completar el tratamiento de $160,500. El Departamento de Salud les informó que el Fondo para Servicios contra Enfermedades Catastróficas y Remediales no provee para este tipo de enfermedad.
Carlos y Jeannette padecen dos enfermedades muy complejas. Pero más allá de los prejuicios, la ignorancia y la incomprensión, necesitan ayuda para vivir.
Primera Hora
Son dos seres humanos que necesitan ayuda. Sus vidas dependen de ello.
Carlos Collazo, de 39 años, padece obesidad mórbida. Pesa 740 libras y está desesperado por encontrar una salida a su situación.
Siempre estuvo sobre peso, pero en los pasados dos años, tras la muerte de su padre, ha aumentado 300 libras. Esa muerte le causó una terrible depresión que lo mantuvo en un cuarto. Desde hace un mes no se puede levantar de la cama. Está atado a un tanque de oxígeno 24 horas al día, siete días a la semana.
Carlos y su familia están clamando por ayuda. Necesitan que algún médico o empresa le haga los contactos para recibir tratamiento médico fuera de Puerto Rico en una clínica especializada. Carlos ha visitado bariatras en la Isla, pero le han dicho que no lo pueden operar: las camillas disponibles son para personas que pesan hasta 500 libras.
Jeannette Rodríguez, de 15 años, padece anorexia nerviosa. Hace dos años la diagnosticaron. Antes pesaba 138 libras y hoy día pesa 74 libras, precisamente una décima parte del peso de Collazo. Jeannette apenas puede hablar, caminar, conversar o sonreír. Todavía, con mucha dificultad, logra ir diariamente a su escuela superior en Orocovis, donde se ha destacado como una estudiante de 4.00 puntos.
Su condición se ha agravado tanto que casi no aguanta la comida. La tasa de muertes de los trastornos alimentarios es la más alta de las enfermedades mentales.
Jeannette necesita ir a una clínica especializada en Estados Unidos —en Puerto Rico no existen— para recibir un tratamiento multidiscplinario integrado por nutricionistas, psiquiatras, psicólogos y médicos. Allí también podrá compartir con otras adolescentes que padecen algún trastorno de la conducta alimentaria. Sus padres necesitan $36,000 para completar el tratamiento de $160,500. El Departamento de Salud les informó que el Fondo para Servicios contra Enfermedades Catastróficas y Remediales no provee para este tipo de enfermedad.
Carlos y Jeannette padecen dos enfermedades muy complejas. Pero más allá de los prejuicios, la ignorancia y la incomprensión, necesitan ayuda para vivir.
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